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Una técnica preinca de hace 1.400 años podría ayudar a que Lima tenga más reservas de agua

Lo antiguos habitantes de los andes de Lima supieron recuperar el agua de las montañas para aumentar su disponibilidad durante la estación seca mediante un sistema de infiltración conocido como amuna

Huamantanga

La técnica está diseñada para aumentar la disponibilidad hídrica en la estación seca. (Foto: Forest Trends)

No podían construir grandes represas ni conocían las avanzadas técnicas de ingeniería que en la actualidad poseemos; sin embargo, los pobladores del antiguo Perú desarrollaron un sistema hidráulico que les permitió manejar los riesgos de sequía en climas extremos. Los mismos que hoy podrían ayudar a mejorar el suministro de agua de la capital.

Hace 1.400 años, en los andes de Lima, los habitantes de la zona supieron recuperar el agua de las montañas para aumentar su disponibilidad durante la estación seca mediante un sistema de infiltración conocido como amuna.

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Aprovechando la permeabilidad del lugar, lograron que el excedente de agua que baja por las quebradas de las montañas en temporada de lluvia, y que normalmente se pierde, se mantenga en el subsuelo y brote justo para la temporada de esquiaje (temporada seca).

Algunos arqueólogos creen que fueron los waris en 700 d.C. quienes idearon el método, mientras que otros piensan que fueron desarrollados durante siglos por diferentes comunidades agrícolas.

A pesar del tiempo transcurrido, las amunas siguen siendo utilizadas actualmente por los lugareños para la cría de ganado, la producción de queso y la agricultura de regadío, sus actividades básicas de subsistencia. Pero existe poca evidencia científica sobre su potencial contribución como estrategia de captación hídrica.

Amuna de Huamantanga

Las amunas todavía se siguen usando por los lugareños. (Foto: Forest Trends)

Por ese motivo, investigadores del Imperial College de Londres, Imhea (Iniciativa Regional de Monitoreo Hidrológico de Ecosistemas Andinos), Condesan, Sunass, Fonag, Forest Trends, entre otras instituciones, han venido estudiando desde 2012 algunos de estos sistemas de agua ubicados en la localidad de Humantanga, en la provincia Canta.

Este es el primer estudio que examina el sistema preinca a detalle para encontrar respuestas a los problemas de la crisis hídrica.

El Perú es uno de los países de la región que se encuentra en un nivel alto de estrés hídrico, y Lima es una de las 20 ciudades más pobladas del mundo con este problema.

Los resultados del trabajo, que han sido publicados en un artículo de la revista ‘Nature sustainability’, demuestran que, si dicho sistema es replicado en el terreno natural de Lima, se podría redirigir hasta el 35% del recurso hídrico de la estación húmeda a la capital, es decir, abastecerla con 99 millones de metros cúbicos de agua extra por año.

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De ese modo, se podría aumentar el agua disponible en los primeros meses de estación seca hasta en un 33% y un promedio de 7.5 % para los meses restantes. Como consecuencia no solo habría más agua potable para la capital, los periodos de cultivo serían más largos.

“La gente de Lima vive en una de las situaciones más inestables del mundo en relación al agua. Hay demasiada agua en la estación húmeda, y muy poca en la época seca. Los pueblos indígenas del Perú sabían cómo manejar esto, por lo que estamos buscando respuestas en estas técnicas ancestrales”, ha dicho Dr. Wouter Buytaert, del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de Imperial College London y coautor del estudio.

¿En qué consiste la técnica?

Esta técnica preinca está diseñada para aumentar la disponibilidad hídrica en la estación seca. Se basa en desviar, por medio de canales, el excedente de agua que baja de las quebradas durante la época de lluvia (de diciembre a marzo) hacia pastizales de alta infiltración.

Al llegar el líquido a esta zona, penetra como si de una esponja se tratara. Esto es posible gracias a que la naturaleza fracturada de las rocas permite que el agua se infiltre. Así, el agua queda alojada hasta varios meses en los almacenes subterráneos y, finalmente, cuando llega la época seca, sale a través del flujo subsuperficial hacia las cochas o manantiales, ubicados muchos metros más abajo.

Amuna de Huamantanga

El agua filtrada sale a través del flujo subsuperficial hacia las cochas o manantiales. (Foto: Forest Trends)

Los investigadores han identificado hasta 30 canales de infiltración antiguos en Huamantanga, de los cuales solo 11 aún están en funcionamiento gracias a que los lugareños los utilizan y se encargan de realizarles mantenimiento.

Y es que, en Huamantanga, la agricultura y la ganadería ocasionaron que los ecosistemas de la montaña se degraden, lo que a su vez afectó su economía.

Para revertir esta situación, los miembros de la comunidad están moviendo el ganado a pastos más bajos, restaurando la infraestructura de amunas y reconectándose con las prácticas ancestrales.

Estudio y resultados

Si bien nuestros antepasados conocían esta técnica de manera empírica, los investigadores querían tener evidencia exacta de su funcionamiento. Para ello, utilizaron trazadores colorantes (eosina) que les permitió conocer todo el recorrido del agua a través de la montaña.

"Para comprobarlo -porque esto ya era sabido por las comunidades-, para tener datos científicos robustos de esto, hicimos un experimento con trazadores colorantes orgánicos", comenta a El Comercio Javier Antiporta, coordinador de la red de monitoreo hidrológico del proyecto Infraestructura Natural para la Seguridad Hídrica, quien fue parte de la investigación.

Él explica que inyectaron el colorante en los canales de las amunas en época de lluvia y empezaron a monitorear los manantiales muchos metros más abajo.

“Inyectamos el trazador un 21 de marzo, y comenzamos a monitorear. Inyectar significa que en el mismo canal pusimos el trazador para que pueda simular el paso del agua”.

Amuna Huamantanga

Canal de infiltración de Huamantanga. (Foto: Forest Trends)

De esta forma pudieron reconocer la conexión existente entre los canales, las zonas de infiltración y la zona de descarga (manantiales). Además, descubrieron que el agua volvía a brotar en esta última en un lapso que va desde las dos semanas hasta los ocho meses, con un pico de 45 días.

"Eso quiere decir que las gotas o el agua que se infiltró a partir del 21 de marzo todavía salía en noviembre. De esta manera, la población de Humantanga obtenía un mayor suministro durante la estación seca", añade Antiporta.

El equipo de investigadores contó, a su vez, con la participación de científicos sociales, quienes trabajaron con la población local de Huamantanga para comprender esta práctica y ayudar a cartografiar el paisaje.

Dato

Actualmente, Sedapal planea invertir el 1 % de la tarifa pagada por los consumidores (más de 70 millones de soles) con el objetivo de captar un mayor flujo de agua con proyectos alternativos como amunas, cochas, reforestación, andenería, entre otros.

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