“El arte puede ser una herramienta de autoanálisis”
Estefanía ‘Fefa’ Cox
Artista
Tengo 25 años y me conocen como ‘Fefa’ porque de niña no pronunciaba bien mi nombre. Estudié en el colegio San Silvestre y Diseño Gráfico en la PUCP. Actualmente canto en el grupo de cumbia electrónica Elegante & La Imperial.
Por: Renzo Giner Vásquez
La maestra de nido de ‘Fefa’ preparó un informe cuando ella tenía 3 años. En él indicaba que sus habilidades estaban orientadas a la música y la pintura. El tiempo le dio la razón. Fue parte de la banda de hip hop Menores de Edad, ha pintado decenas de murales en Lima y ha sido portada de varias revistas y marcas internacionales como modelo. “Acabo de llegar de Hamburgo, me contrataron para modelar y terminé pintando un restaurante e improvisando en un bar con un grupo de jazz”, nos cuenta.
—Destacas en muchos rubros, ¿cómo te defines?
En verdad no fue algo planeado, fue más bien orgánico. Utilizo herramientas que me ayudan a sobrevivir y a vivir en el sentido de crecer y aprender a desarrollarme en base al verdadero amor. Mantengo ese objetivo.
—Has mencionado en el pasado que el arte ayuda a ser una mejor persona, ¿por qué?
Porque puede ser una herramienta que exterioriza una parte abstracta de ti. Así es mucho más fácil ver cosas sobre ti y llegar a conclusiones. Pintar o escribir es una manera de conectarte contigo mismo y exteriorizar eso. Yo he cantado o pintado algunas piezas hace años y si las veo ahora puedo darme cuenta de que estaba en otra etapa de mi vida. Estoy segura de que el arte podría ser una herramienta poderosa para el autoanálisis. En nuestra sociedad, en general, se suele desligar al arte de la ciencia y de la espiritualidad, pero no son tan distintos.
—¿Qué proyecta tu arte?
Es un encuentro personal, bastante íntimo y no necesariamente lo entenderías de la misma manera.
—Intentémoslo…
Expresa la búsqueda de tan solo existir. Dejarte llevar solo por el momento. Cuando yo pinto no me siento dueña de eso, sino que es algo que surge de forma espontánea. Al menos la idea. Es un lugar donde puedes ser quien eres y logras entender que puedes ser así todo el tiempo, sin miedo. Todos construimos un personaje porque no queremos mostrar nuestra vulnerabilidad, es comprensible, pero me he dado cuenta de que la fortaleza más grande es ser quien eres con quien sea. El arte me ayuda en eso.
—La primera nota que tenemos sobre ti en El Comercio es del 2001, participabas en una obra de Molly Ludmir llamada “Crisol”.
[Risas] ¡Qué hablas! ¡Increíble! Tenía 10 años. Una buena amiga, que es casi como mi hermana, me comentó sobre una obra de teatro y siempre me gustó expresarme así que participé. Conocí a Molly, me pareció increíble, entré y fue una experiencia que me nutrió. Conocí a muchos niños de todos lados, ese tipo de experiencias te enseñan, te permiten conocer a gente y conectarte de forma increíble.
—¿Eso pretendiste transmitir al participar en el proyecto Malambito?
Eso fue cuando estaba en la universidad. Me llamaron para hacer beatbox en uno de los eventos que harían [para los chicos de las zonas pobres de Barranco y Surco], pero al final terminé enseñándoles pintura por un tiempo. Más que una conciencia social, siento que voy encontrando la forma de ser más productiva para mí y los demás.
—A todo esto, ¿cómo empezaste en el beatbox?
El hip hop siempre me gustó, lo bailaba sola, nada profesional ni con grupos. Cuando ingresé a la universidad escuché a unos chicos que hacían beatbox. Tenían mi edad y lo hacían, así que dije ¿por qué yo no? Me puse a practicar todos los días, en las clases todos me mandaban a callar [risas]. Luego llegaron las vacaciones y no podía parar, practicaba siempre. Cuando regresé a clases ya sonaba mejor.
—¿Cuándo te presentaste por primera vez?
En una gincana de la universidad. Recuerdo que estaba temblando, muy nerviosa. Siempre que subía a un escenario me ponía nerviosa, pero esa vez casi me da un infarto. Poco a poco me fui soltando. Luego, en Jesús María, subí a un evento porque un amigo me animó. Todos me silbaban antes de comenzar porque era la única chica que hacía beatbox. Aún existen esos prejuicios y creo que ya es hora de trascender. Al final lo hice bien, no subí con la intención de protestar, pero terminé dando un mensaje de libertad e igualdad.
—¿Esos nervios también te acompañaron en el modelaje?
Todas las herramientas en las que me he desarrollado te pueden encasillar o te pueden liberar. Empecé en el modelaje por necesidad, no era mi objetivo inicial. Sin embargo, agradezco mucho entrar en un trabajo que puede parecer muy superficial, pero que realmente te puede nutrir si tú escoges que sea así. Tenía bastantes inseguridades cuando empecé, sentía nervios, me daba vergüenza. Pero me di cuenta de que la vergüenza es tener miedo de ser tú frente a otros, como si estuviera mal.
—¿Alguna vez intentaron reprimir esa libertad?
Es algo que llevo adentro, no se busca en un contexto externo. Pero sí he estado en situaciones así. Por ejemplo, una vez tuve que supervisar un proyecto de arte. Era de la misma edad que los chicos que lo hacían, pero no me tomaban en cuenta. Empecé a trabajar con ellos y cuando vieron mi trabajo recién entendieron que podían contar con mis consejos. Es increíble cómo los prejuicios persisten. Habían visto una presentación mía en el pasado, por algo me habían contratado. Pero los prejuicios por ser joven y mujer estuvieron presentes. He estado en muchas experiencias así, sobre todo acá en Lima. Solo salir a la calle todos los días es una experiencia para una mujer.
—Antes de empezar la entrevista hablaste del ego del artista, ¿cómo lidias con él?
Todos lo tenemos. El ego crece en orden que sientes que te protege de los demás. Sin embargo, no necesitas protegerte de nada, el camino a la libertad es la disolución del ego. El arte, como todas las herramientas de la vida, te puede llevar a nutrir el ego o tu sabiduría y naturaleza.

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