Imparables: cuando el miedo no nos detiene
El último fin de semana estuvo lleno de emociones. Una de ellas fue asistir por primera vez a TEDx Tukuy Women 2026. Fue una experiencia que espero repetir cada año y que recomiendo vivir.
Esta edición, llamada “Imparables”, no solo me inspiró. Me hizo pensar en todo lo que las mujeres hemos avanzado, pero también en los espacios donde todavía necesitamos trabajar para alcanzar una verdadera igualdad de oportunidades.
Yo Soy Tú nació pensando en las mujeres a quienes el miedo no paraliza. Mujeres que avanzan incluso sin tener todas las respuestas, que se caen, vuelven a empezar y, muchas veces, abren caminos para que las demás podamos recorrerlos con un poco menos de dificultad.
Por eso, el sábado 15 de agosto, mientras escuchaba cada historia, sentía que muchas de las mujeres que subieron a ese escenario representaban la esencia de este blog. No eran imparables porque nunca hubieran tenido miedo o enfrentado obstáculos, sino porque decidieron seguir adelante por ellas, por las que ya no están, por nosotras y por las que vendrán.
Hablar de dinero también es hablar de libertad
Desde el inicio me identifiqué con Gabriela Vera y su reflexión sobre un tema que todavía incomoda a muchas personas y, especialmente, a las mujeres: el dinero. “El dinero es importante, pero no determinante”. Es una frase que me ha acompañado durante toda mi vida. Gabriela me hizo mirarla desde otra perspectiva y comprender que, aunque el dinero no lo determine todo, también nos da libertad.
Hablar de dinero no debería avergonzarnos. Todo lo contrario. Esa es una enseñanza que le transmito a Alba, mi hija de cuatro años. Quiero que comprenda el valor del dinero, que aprenda a tomar sus propias decisiones y que nunca tenga que permanecer en un lugar únicamente porque no cuenta con los recursos para elegir otro camino.
La voz que me llevó a la tierra de mis ancestros
Si Gabriela me hizo pensar en la libertad económica, Olinda Silvano, reconocida artista dentro y fuera del Perú, me recordó la libertad de elegir quiénes queremos ser sin renunciar a nuestras raíces.
A los 14 años, Olinda se negó a casarse con un hombre mayor al que no conocía y, con ayuda de su madre, salió de su comunidad. “Sabía que había algo más grande que debía hacer”, contó. Llegó a Pucallpa sin hablar español y, aunque al inicio ganaba apenas 25 soles mensuales, sus ganas de aprender la impulsaron a trasladarse a la capital. En Lima, lejos de esconder sus costumbres para encajar, convirtió su identidad shipibo-konibo, el kené, la lengua y el color en una fuente de orgullo y fortaleza.

Cuando entonó sus ícaros, sentí que me transportaba a Loreto. Por un momento, su voz me llevó a la tierra de mis ancestros paternos. Fue una conexión difícil de explicar, pero profundamente emotiva.
¿Qué pasa cuando cumplimos 18 años?
Con esa pregunta, que parece sencilla, empezó la charla de Viviana de la Cruz. Quizás lo es para mí, para ti y para muchos jóvenes, porque llegar a la mayoría de edad significa celebrar, iniciar nuevos proyectos o tomar decisiones con el respaldo de una familia. Pero para quienes han crecido en un albergue, cumplir 18 años puede significar tener que salir y enfrentarse al mundo sin acompañamiento ni una red de apoyo.
Viviana es activista por los derechos de la niñez y adolescencia y cofundadora de Egresa Perú. Ella también creció en un albergue y tuvo la suerte de contar con una mentora que le enseñó cosas que para muchos pueden resultar cotidianas, pero que son indispensables para empezar una vida independiente. No todos tienen esa oportunidad. Hay jóvenes que dejan los albergues sin saber tomar un micro, realizar un trámite en el banco o, incluso, dónde pasarán la noche. Su testimonio me hizo pensar en lo poco que conocemos esta realidad. No todos empezamos desde el mismo lugar y, por eso, hablar de igualdad de oportunidades también implica reconocer que algunas personas necesitan mucho más que palabras de aliento.
Hermelinda: ¡Gracias por hacernos el camino más fácil!
Uno de los momentos que más me emocionó fue escuchar a Hermelinda Buitrón, integrante de la primera generación de mujeres peruanas que ejerció su derecho al voto. Cuando leyó en el periódico que podía votar, no solo sintió alegría. Sintió que era libre. Libre para elegir.

Hermelinda tenía 26 años cuando, en 1956, formó parte de las primeras 100.000 peruanas que pudieron votar. Antes de ese momento, como ella misma dijo: “La mujer era útil para trabajar, para producir, para cuidar, pero no era suficientemente útil para decidir sobre el futuro de mi país”.
Durante el receso me acerqué a ella, la tomé de la mano y le dije: “Gracias por hacernos el camino más fácil”. Ella me respondió: “Las mujeres somos muy valiosas. ¡Que viva nuestra libertad!”.
El talento necesita oportunidades
Thalía Leyton es científica peruana, doctoranda en Bioingeniería en Stanford y ex investigadora de la NASA. Actualmente desarrolla modelos tridimensionales de tumores cerebrales para contribuir a la identificación de nuevos blancos terapéuticos.

Thalía reflexionó sobre la importancia de las becas que ofrece el Estado a jóvenes con menos recursos. Detrás de cada postulación también existe una familia que se esfuerza, acompaña y destina tiempo y recursos para que su hijo o hija pueda cumplir con cada etapa de la convocatoria.
Lo que ocurrió este año con Beca 18 no puede ni debe volver a pasar. Primero se anunció que se otorgarían 20.000 becas, pero después el Ministerio de Educación informó que solo habría 5184. Una beca puede cambiar el rumbo de una vida y transformar la historia de una familia. Si queremos reducir las brechas, debemos identificar el talento, acompañarlo y brindarle las condiciones necesarias para que se desarrolle.
Cada charla nos dejó un regalo
Aunque esas fueron las ponencias que más me movieron, todas las personas que subieron al escenario nos dejaron un regalo. Milena Warthon, desde su propuesta de pop andino, nos recordó la importancia de reconocer nuestros orígenes y rendirles homenaje. Susana Cárdenas Alayza, con su trabajo por la conservación de la biodiversidad marina, reafirmó que debemos seguir apostando por aquello en lo que creemos, aunque los resultados no sean inmediatos. Xanaxtasia utilizó el humor para visibilizar una costumbre muy extendida: opinar sobre el cuerpo o las decisiones de otras personas sin preguntarnos antes si aquello que vamos a decir les servirá para algo.

Cynthia Calderón, en cambio, empezó con una pregunta tan directa como necesaria: “¿Conoces tu teta?”. Yo la conocía por su trabajo como maquilladora, pero descubrí a una mujer que utiliza su arte para ayudar a otras a recuperar la confianza después de atravesar un cáncer de mama. Julio Rodríguez nos alertó sobre los riesgos de una propuesta que, bajo el argumento de combatir las “denuncias falsas”, podría terminar fortaleciendo a los agresores y desalentando todavía más a las mujeres que sufren violencia. Cada historia parecía coincidir en un mismo punto: debemos seguir trabajando porque aún existen brechas que condicionan nuestra libertad.
Salí de “Imparables” inspirada y convencida de que hombres y mujeres somos distintos, pero debemos tener las mismas oportunidades para elegir, desarrollarnos y construir nuestro futuro con libertad.
Ahora toca convertir esa inspiración en acción. Como madre, quiero que mi hija valore sus raíces, tome sus propias decisiones y sepa que su voz puede ser un puente que abra caminos.
También pensé en lo construido en Rama Comunica junto con mi socio, Adolfo Navarro. Creemos que desarrollar el talento implica acercarlo a experiencias que amplíen su mirada y lo impulsen a actuar. Por eso me hizo muy feliz asistir a #TEDxTukuyWomen con dos personas valiosas de nuestro equipo.
Esa es también la razón de ser de “Yo Soy Tú”: compartir historias de mujeres que sienten miedo, pero no permiten que las detenga. Porque inspirarnos es el comienzo, pero transformar lo aprendido en acciones es el reto que sigue.
Fotos: TEDx Tukuy Women

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