¿Cuestión de suerte o de actitud?

Era el 2 de mayo del 2006 y me despedía de mi familia y amigos en el aeropuerto Jorge Chávez mientras disfrazaba mi pena con amplias sonrisas y agradecimientos para cada uno de ellos. Ya en la sala de espera, me ahogaba en llanto e incertidumbre. ¿Qué sería de mí en Los Angeles? ¿Por qué fui yo una de las miles de escogidas en la lotería de visa? De pronto mi tristeza fue distraída por el nuevo mundo. Desde la entrada al avión todo era diferente, algo desconocido para mí.
Así llegué a Los Angeles y desde que pisé suelo estadounidense sus ciudadanos fueron muy amables conmigo. Desde el primer día me fui la escuela de inglés, a las dos semanas ya estaba trabajando como cajera. Solo atinaba a sonreír cuando no entendía a los gringos, pero mi esfuerzo y mis ganas de aprender me mantienen en pie hasta el día de hoy. Luego de un mes me cambié de trabajo e ingresé a uno en el que me aceptaron solo por mi buena actitud, porque de yes, no y please no pasaba.
Ahí empezó la lucha. Todos mis compañeros de trabajo hablaban entre ellos y yo solo escuchaba y me ponía triste porque quería conversar, abrazarlos, bromear y cantar como lo hacia en mi Perú, pero no podía. Al cabo de tres meses ya era promovida a otro cargo por ser la mas chamba (como no hablaba bien, tenía que buscar en qué ser muy buena y ahí tuve los resultados) y seis meses después ya era asistente de mánager. Así se me pasó el tiempo, trabajando mas de 46 horas a la semana, siempre diciendo que sí puedo, así me muera del cansancio.
Es curioso pero de quien más he recibido apoyo en este país no ha sido de los latinos, sino de los mismos estadounidenses. Muchos latinos ya no quieren hablar español y cuando tú les sonríes y preguntas do you speak spanish? con la esperanza de intercambiar aunque sea un poquito de español con ellos, te responden que no y hasta te miran mal.
Antes de cumplir el primer año me mudé a San Francisco y empecé de nuevo desde cero con la confianza de que todo iría bien. Al cabo de dos semanas viviendo aquí encontré trabajo, y en la quincena de agosto empecé mis clases en el college de San Francisco para recibir cursos de psicología y educación de niños.
A veces siento que todo este caminar se me hace muy fácil y pienso si eso se debe a mi suerte, aunque también creo que tal vez sea mi actitud ante esta nueva vida la que me permite hallar cada oportunidad que se me presenta.
Yo no sé si todos los que estamos fuera de nuestro Perú sentimos la extraña sensación de vivir como si estuviéramos en un sueño, trabajando y luchando por ganar horas extras en nuestros centros de labores para enviar más dinero a nuestros seres queridos, y también intentando aprender el nuevo idioma para desarrollarnos y alcanzar nuestras metas.
Sin embargo, de vez en cuando despertamos en un mundo de nostalgia, de pena, de anhelo por estar en nuestra tierra, por abrazar a nuestros seres queridos, por saborear la sazón de nuestras madres, y todas esas cosas maravillosas que solo allá podremos encontrar. Creo que eso es de lo único que me puedo quejar.
Nadia Díaz
Estados Unidos

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