
Alianza Lima sufrió una derrota dolorosa ante Sporting Cristal que no solo lo eliminó de la fase de grupos de la Copa Libertadores —lo que implicaba unos US$ 3 millones—, sino que dejó un ambiente de tensión incontenible en el estadio Estadio Alejandro Villanueva (Matute).
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La noche comenzó con promesas: goles de Eryc Castillo y de Paolo Guerrero pusieron a Alianza con ventaja 3-1, y el ingreso de Barcos generó esperanza entre los hinchas, que coreaban “Barcos no se va”. Pero esa ilusión se desvaneció cuando Sporting Cristal logró empatar 3-3, forzó la definición por penales y terminó imponiéndose. El fallo de Sergio Peña resultó definitivo, y la derrota marcó el fin de una noche olvidable.
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El desenlace derivó en una explosión de frustración e indignación dentro y fuera del campo: jugadores distanciados, un técnico que evitó dar la cara, gritos de “Que se vayan todos” desde la tribuna Sur, y una banderola contra la dirigencia que derivó en una gresca controlada con dificultad por la policía.
Durante la tanda de penales, Paolo Guerrero, quien se encontraba junto a los suplente en el banquillo, comenzó a discutir con un hincha blanquiazul y Pablo Ceppelini intentaba calmarlo al ‘9′.







