
En el Perú, el presidente tiene un poder inmenso sobre el destino de largo plazo de la economía. Le corresponde dirigir la política general del gobierno y seleccionar a los principales responsables de la gestión pública. ¿A quién elegiremos como presidente el 2026? Va un consejo. No lea su plan de gobierno. Mejor, pregúntele quienes conforman su equipo.
La economía peruana es pequeña y abierta. En una economía con estas características el desempeño económico de largo plazo depende del modelo de crecimiento económico, de la calidad de la gestión pública y del “efecto suerte”: las condiciones internacionales.
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El modelo de crecimiento es el conjunto de rasgos estructurales de un país, referido al grado de intervención del Estado en la economía —si se controlan o no los precios, si abundan o no las empresas públicas—, el grado de apertura comercial y financiera respecto al mundo, la primacía de la industria o los sectores primarios, y si el mercado de trabajo es libre o sobre regulado.
La gestión pública es la administración del Estado para satisfacer las necesidades fundamentales de los ciudadanos. La calidad de la gestión pública depende, esencialmente, del presidente de la República. El artículo 118 de la Constitución Política establece las atribuciones del presidente, vinculadas directamente a la gestión pública: «Corresponde al Presidente de la República: […] Dirigir la política general del Gobierno”
Asimismo, el artículo 122 de la Constitución establece la responsabilidad del presidente en elegir a los principales encargados de la gestión pública: los ministros. Pero, además de esta responsabilidad, el presidente también elige a las cabezas de instituciones importantes para la gestión pública como el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) y la Superintendencia Nacional de Aduanas y de administración Tributaria (SUNAT), entre otras.
El presidente de la República, entonces, tiene una enorme responsabilidad en la selección del capital humano del sector público.
Por último, está el contexto internacional. El camino al progreso requiere también de un poco de buena suerte. Los precios de nuestros minerales pueden estar altos (buena suerte) o bajos (mala suerte). La tasa de interés internacional puede estar alta (mala suerte) o baja (buena suerte).
En cualquier caso, un buen modelo de crecimiento económico, una buena gestión pública y un poco de buena suerte con las condiciones internacionales son los ingredientes esenciales del buen desempeño económico que, si es prolongado y sostenible, conduce a la prosperidad.
¿Qué es lo que no ha andado bien en los últimos años: el modelo, la gestión pública o las condiciones internacionales?
El modelo es básicamente bueno. Por el lado de la demanda, aranceles bajos y 22 Tratados de Libre Comercio firmados y otros por firmar, nos aseguran que el tamaño de nuestro mercado es casi infinito. Por el lado de la oferta, el modelo alienta la inversión privada: rol subsidiario del gobierno, blindaje constitucional de los contratos, respeto a los derechos de propiedad y trato igualitario a los inversionistas.
En el terreno de la gestión macroeconómica, la gestión monetaria a cargo del BCRP es muy buena y la gestión del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) tiene sus sombras. El anterior ministro despreciaba el cumplimiento de las reglas fiscales y el actual simpatiza demasiado con las exoneraciones tributarias, como la que se pretende dar al sector agroexportador. “Exoneración” debería ser una mala palabra en el MEF.
En el resto de la gestión pública hay problemas severos. A pesar de la abundancia de recursos fiscales — el presupuesto público de 2024 fue 6 veces más elevado que el del 2000—, los sectores vinculados al capital humano, salud y educación tienen serias dificultades.
¿Qué hay de las condiciones internacionales? A pesar de Trump, el BCRP espera que el principal ‘indicador de la suerte’, el índice de términos de intercambio, esté en el 2026 en su nivel más alto desde 1951. Mejor suerte, imposible.
En resumen, para aprovechar el contexto internacional venidero, no hace falta cambiar el modelo de crecimiento sino mejorar radicalmente la calidad de la gestión pública.
Por eso, en las elecciones del 2026, no lea los planes de gobierno, es una pérdida de tiempo: todos se parecen. Mejor, exijamos que los candidatos muestren su equipo de gobierno y que nos digan quién va al BCRP, al MEF, al ministerio de Educación y al ministerio de Salud, por ejemplo. Con este requisito, hoy no tenemos todavía ni un candidato.

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