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Muchas veces, cuando hablamos de adónde queremos ir, es normal y lógico que mencionemos dónde estuvimos y dónde estamos. El Perú, hasta hace no mucho, fue un ejemplo de crecimiento económico y reducción de la pobreza en la región. Hoy, los tiempos son distintos: expansión anual moderada y somos 7,4% más pobres que en el 2019.

El camino para remediar la situación lo conocemos y lo hemos recorrido. Y si bien tenemos que volver a la receta de la inversión privada para crecer, hoy no bastan la inversión y la generación de empleo –que son consecuencias importantísimas del día a día de los negocios–. Es evidente que debemos hacer ajustes para maximizar la calidad de la recuperación y también prolongar sus beneficios. En eso, el sector público tiene la mayor responsabilidad, pero el sector privado también tiene mucho por hacer. Es necesario tener una mayor participación e impacto en el bienestar de nuestro entorno inmediato y del país, y contribuir a que el crecimiento venga con cambios tangibles en las vidas de las personas.

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Maro Villalobos

Mantener políticas de sostenibilidad sólidas es parte de este esfuerzo. Y no se trata, como algunos pueden pensar, de llevar a cabo acciones aisladas para, por ejemplo, reducir la huella de carbono, sino de sacarle el máximo provecho al potencial de nuestras empresas para generar mejoras concretas. Se puede hacer a través de los productos; en Credicorp, por ejemplo, hemos puesto mucho énfasis en la inclusión financiera con herramientas como Yape –que ha incorporado a más de 5,7 millones de personas al sistema financiero desde el 2020– y hay espacio para que cada sector promueva cambios positivos con lo que ofrecen. Y también por medio de la participación en mecanismos como el de obras por impuestos, contribuyendo a cerrar brechas en sectores como salud, educación, agua y saneamiento, y transporte (solo entre enero y mayo del 2025 se han adjudicado 94 inversiones por un total de S/1.106 millones, según Proinversión).

En otras palabras, es importante levantar la cabeza y ver qué más puede hacerse a favor del país. Pero en este campo nuestra deuda no solo tiene que ver con lo que hacemos, sino también con lo que decimos (o con lo que hemos dejado de decir).

Por mucho tiempo se asumió que la distancia con la política era una forma de protección, pero la experiencia reciente –casi diez años de crisis políticas sostenidas– nos ha mostrado que esa actitud tiene costos altos: instituciones más frágiles, reglas poco claras y un clima de inversión incierto. Para generar un cambio verdaderamente significativo, el sector privado debe aceptar que también tiene un rol en la construcción de institucionalidad y en la defensa de la democracia. No hablamos de partidismo, sino de fortalecer los cimientos que permiten que la economía y el país funcionen en beneficio de todos.

¿Cómo hacerlo? Poniendo ideas sobre la mesa, empuñando las evidencias y diagnósticos de la realidad que hemos recogido con nuestro trabajo, y convirtiéndolos en parte de la discusión, trabajando de la mano con ‘think tanks’, ‘do tanks’, los gremios y la academia. En suma, haciendo uso de nuestra voz, sobre todo en un contexto electoral en el que el debate de ideas debería de marcar la agenda.

Con todo combinado, el dicho y el hecho, podemos incidir en el futuro del país, llevándolo hacia un desarrollo más sostenible y una mejor calidad de vida para todos los peruanos.

Alejandro Pérez-Reyes es CFO de Credicorp y del BCP.

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