
En medio de la elevada y persistente incertidumbre que caracteriza actualmente tanto a la política como a la economía internacional, al inicio del 2025 la cotización del oro ha extendido la tendencia al alza reportada en 2024 (+27% en promedio). Aunque la mayoría de los titulares se hiper enfoca en explicar la constante demanda de oro como el resultado de las amenazas de imposición de aranceles por parte del nuevo gobierno de los EE. UU., lo cierto es que tal aproximación se queda corta para avanzar en el análisis del fuerte avance en el precio del que quizás sea el activo refugio por excelencia.
La semana anterior, el World Gold Council publicó su más reciente reporte sobre las tendencias principales en la demanda de oro, en donde se destaca que en 2024 el fuerte avance en la cotización estuvo asociado a una demanda récord (4,974 toneladas en promedio), por parte de bancos centrales, e igualmente llamativo, por un número creciente de vehículos de inversión. De acuerdo al informe, el año anterior la demanda por parte de bancos centrales mantuvo su dinamismo, con compras que superaron las 1.000 toneladas por tercer año consecutivo (2024: 1.045 toneladas). Además, el informe señala que, en la misma línea, la demanda mundial por motivos de inversión aumentó un 25% frente al año anterior, alcanzando un promedio de 1.180 toneladas, cifra récord en cuatro años. Muy importante, esto último estaría explicado por una recuperación de la demanda de ETF de oro, principalmente en la segunda mitad de 2024, en donde la reclasificación del oro en el marco de Basilea III ha jugado un rol determinante.
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Dicho lo anterior, es importante puntualizar algunos hechos relevantes de la demanda asociada con bancos centrales. Es bien sabido que tanto gobiernos como autoridades monetarias de competidores estratégicos de EE. UU., como Rusia y China, han avanzado en los últimos años en su estrategia de diversificar sus reservas internacionales. Menos conocido es que una minoría de bancos centrales de naciones que están experimentando niveles llamativos de crecimiento económico, pero más importante aún, ganancias concretas de productividad, han hecho explicitó su intención de acumular reservas de oro, como forma de enviar un mensaje de estabilidad y autonomía. Como ejemplo, se pueden citar tanto las acciones como los mensajes de los bancos centrales del grupo de Visegrado, los cuales de manera explícita han señalado “que su propósito de prosperidad económica necesariamente pasa por la consolidación de reservas internacionales sólidas, en donde el oro juega un rol decisivo en la generación de confianza”.
De otro lado, en un contexto donde, según el propio Fondo Monetario Internacional, la mayoría de las principales economías del mundo requieren ajustes fiscales importantes para garantizar la sostenibilidad, la demanda de oro por motivos de inversión viene aumentando de manera gradual y sostenida.
Con todo, si bien la incertidumbre coyuntural sobre el impacto para el comercio y la economía global asociado con las posturas proteccionistas del nuevo gobierno de EE. UU. bien pueden estar jugando un rol en el avance reciente en la cotización del oro, no deben confundirse como la causa última tras la tendencia observada desde el año 2016.

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