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César Fierro (68) estuvo condenado a pena de muerte desde 1980 y catorce veces tuvo fecha y hora de ejecución; sin embargo, salió de allí para contar su historia. (Foto: archivo personal/Jesús Saucedo)

César Fierro (68) estuvo condenado a pena de muerte desde 1980 y catorce veces tuvo fecha y hora de ejecución; sin embargo, salió de allí para contar su historia. (Foto: archivo personal/Jesús Saucedo)

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Resumen

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

En agosto de 1976, César Fierro tenía 22 años, una hija recién nacida, y trabajaba cosechando hortalizas en Ciudad Juárez, bien al norte de México. Hasta que un día unos oficiales lo arrestaron sin razón aparente: lo acusaban por el asesinato de un taxista al otro lado de la frontera, en El Paso, Texas. Ni la policía mexicana ni la estadounidense lo discriminaron: ambas lo maltrataron por igual, sin distinción. En un momento, le pusieron sobre la mesa una confesión por escrito y lo golpearon en los testículos, forzándolo a que la firmara. Él se negó. Luego detuvieron a su madre y la amenazaron con choques eléctricos. “Allí ya no había nada que pensar”, dice Fierro. Puso su rúbrica reconociendo un crimen que no había cometido. Pocos meses después, en febrero de 1980, lo sentenciaron a la pena capital.