Qué verCuando Lima decidió jubilar al abanico para dar paso a la modernidad.

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Resumen
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En noviembre de 1929, una exposición sobre el valor decorativo de los abanicos, presentada en la entonces influyente galería “Entre Nous” del centro de Lima, motivó al diario “El Comercio” a lanzar una encuesta para recoger opiniones entre sus lectores sobre la pertinencia o no del tradicional accesorio femenino. A lo largo de una semana, limeñas y limeños enviaron cartas con sólidos y apasionados argumentos, muchos de ellos en forma de versos o sainetes. Para algunos, el abanico no era más que un anticuado artefacto para sacudirse del calor estival; para otros, un símbolo de la femineidad de mejores tiempos, distinguido y elegante.
En noviembre de 1929, una exposición sobre el valor decorativo de los abanicos, presentada en la entonces influyente galería “Entre Nous” del centro de Lima, motivó al diario “El Comercio” a lanzar una encuesta para recoger opiniones entre sus lectores sobre la pertinencia o no del tradicional accesorio femenino. A lo largo de una semana, limeñas y limeños enviaron cartas con sólidos y apasionados argumentos, muchos de ellos en forma de versos o sainetes. Para algunos, el abanico no era más que un anticuado artefacto para sacudirse del calor estival; para otros, un símbolo de la femineidad de mejores tiempos, distinguido y elegante.
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Por entonces aún se llevaban los abanicos de grandes plumas y colores suaves. Eran los que mejor armonizaban con el elegante traje de etiqueta. Los de encaje, con varillas de nácar o de marfil calado, habían pasado de moda por su decimonónica prestancia.
“El abanico es prenda que en verano adquiere en la mano de la mujer limeña, toda nobleza, la mejor expresión de su belleza”, lo defiende un lector. “Con él se dice todo sin hablar: se otorga, se desvía, se anima y se despide. El abanico es a la mujer lo que el florete al esgrimista”, apunta una lectora celosa de la tradición. Sin embargo, a poco de llegar la década del treinta, el abanico experimentaba un indudable eclipse. Si había quienes decían que el abanico daba a las manos femeninas una gracia especial, las mujeres “modernas” querían tener las manos libres para hacer deporte o manejar su auto.
Para los organizadores de la encuesta, la cuestión era si el declive de su uso sería permanente o pasajero. “Cuando el excesivo ardor que ahora domina por la novedad de los deportes que la mujer ha señalado en su vida se haya desvanecido, ¿el abanico volverá a ser lo que fue en los tiempos propios de la elegancia femenina?”, se preguntaba el redactor sin esconder su nostalgia.
Una opinión refrescante
En el revelador sondeo, los bandos estaban claros. Por un lado, quienes abogaban por el uso del abanico valorando su presencia en las tradiciones coloniales, temiendo que su obsolescencia práctica llevara también a la pérdida de un lenguaje silencioso para el cortejo. Por otro, quienes lo desecharían sin más por aquella misma causa. Muchos hombres escriben en su defensa. La mayoría de mujeres lo objetan. Para sus apologistas, es el accesorio más femenino y elegante. Para sus detractores, un limitante de la libertad de las mujeres. “En el siglo de la radio y del aeroplano, el abanico resulta un anacronismo. Además, hoy las mujeres tenemos las manos muy ocupadas con el volante del auto o la raqueta de tenis”, escribe una lectora. Los argumentos en contra enfatizan en lo práctico y lo confortable: “En tiempos de los cuellos altos y faldas largas, el abanico era indispensable. Pero en la actualidad, con los escotes y faldas cortas, la gente se echa tanto aire sin necesidad de abanico”, opinan.
Hay opiniones más matizadas: reservar su uso para el verano, en ocasiones sociales como el teatro, el cine o las tardes de toros. Otras lo defienden como herramienta para el flirteo. Un lector apunta romántico: “Los golpes más dulces para el corazón fueron siempre los que se dieron con la punta de los abanicos”. Otras opiniones sugieren la aprehensión por los cambios sociales de la época, por ejemplo, el hábito de fumar entre las mujeres, o la supuesta influencia excesiva de modas y costumbres francesas.
Para la historiadora Daniella Terreros, este debate en torno al abanico refleja una tensión mayor entre tradición y modernidad. Para muchas mujeres, el abanico representaba un objeto heredado del siglo XIX, muy ligado a la etiqueta, a la discreción y a un tipo de feminidad “correcta”. “No obstante, en el nuevo siglo, cuando las mujeres empiezan a ocupar más espacio público, a practicar deportes, a acortar sus faldas y a simplificar su vestuario, el abanico empieza a ser visto por algunos sectores como un símbolo del pasado”, señala.
“Este mismo conflicto se manifestó en otras modas veraniegas: el abandono progresivo del corsé, el uso de telas más ligeras, los trajes de baño femeninos que mostraban más y más piel y la incorporación de prendas inspiradas en el deporte. Todas estas transformaciones no fueron meros cambios estéticos: expresaban nuevas formas de habitar el cuerpo femenino, más libres, prácticas y autónomas”, añade la autora de “Elegantes y transgresoras”, sobre la moda femenina en la década del veinte.
El 29 de noviembre, último día de la encuesta, “El Comercio” dio los resultados: “Creemos que ninguna encuesta promovida por este diario ha sido tan reñida”, se afirma en la página. “Y era natural que así sucediera. El abanico representa la tradición y las muchachas modernas de Lima desean reformar modas y costumbres. En el encuentro entre el pasado y el presente, el siglo veinte ha vencido”, anuncia.
Así, la oposición al abanico había triunfado. El total de votos fue disputado en extremo y se requirió un recuento minucioso. Quizás el tema podría parecer baladí, pero la polémica que despertó entre nuestros lectores fue una clara muestra de los cambios de una época y la decisión de las limeñas por tener las manos libres.
Los textos publicados hace casi un siglo en “El Comercio” reflejan el debate de la época entre la tradición estética del abanico y la irrupción del estilo de vida “moderno” de finales de la década de 1920. Las respuestas fueron recogidas entre el 19 de noviembre al 23 de noviembre de 1929.
- A FAVOR
Señor redactor de “El Comercio”: —Mi opinión es muy sencilla: el abanico es el arma más peligrosa de la mujer. Con él se dice todo sin hablar: se otorga, se desvía, se anima y se despide. El abanico es a la mujer lo que el florete al esgrimista. No debe morir nunca.
— Una que sabe manejarlo.
Señor redactor de “El Comercio”: —¡Vivan los abanicos! Sobre todo los de plumas, que son tan suaves y tan lindos. Yo tengo una colección de doce y no los cambiaría por nada.
— Mimí.
Señor redactor de “El Comercio”: La encuesta que usted promueve es de lo más feminista posible. En opinión de la suscrita el abanico debe usarse siempre en verano, aunque no sea sino para los efectos del flirt.
— Inés.
Señor redactor: Yo opino que el abanico es un objeto de gran utilidad, especialmente en las reuniones donde el calor es sofocante. Además, es un complemento que da mucha distinción a la mujer.
— Elena.
“Que las limeñas pongan de moda el abanico, que sus manos sedeñas truequen el largo cilindro humeante del cigarro que tanto las masculiniza por el polícromo sector circular de un abanico con ‘países’ de ensueño. Alguna vez siquiera sean menos miméticas nuestras mujeres y que autónomamente, con la autonomía a que las hace acreedoras su belleza; sean elegantes sin ceñirse a los cánones que se dictan en Francia. ¡Santa Rosa de Lima: que tus paisanas pongan de moda el abanico!”
— Un geómetra limeño.
“Abanico, que abanicas carita de mi amada, abanico que trocamos, Vuelve pronto por tu fe Vuelve pronto que yo quiero. Nada es más gracioso ver entre sus labios morder, signo de coquetería. ¿Algo mejor todavía? Mejor ya no puede ser.”
— Mi novia usa abanico.
“Bríndame la oportunidad para pronunciarme sobre la moda del abanico. Mi parecer es que debía de volver en este tiempo que así lo exige la estación estival y gozar de la inefable dicha de ver en esas pollitas esas manitas terciopeladas”
— César Rodríguez.
Señor redactor: Mi opinión es que el abanico es el complemento de la belleza de la mujer. Nada hay más gracioso que ver a una joven manejando con arte esa prenda que parece una mariposa que se posara en sus manos.
— Un admirador.
“Cuando la mujer lleva el abanico con ese donaire que le es propio, es un encanto, es la luz de la vida de las reuniones. Un hermoso abanico en las manos blancas de una dama, la hará más encantadora. Yo aconsejaría a la mujer limeña que posee toda la gracia de la española con la elegancia de la parisina, no deje de usar el abanico, pero no para ocultar como antes se usaba, sino para dejar ver... pero para qué discutirlo, como es un accesorio tan elegante y distinguido, que lo use. El abanico en las manos de una dama, la hace más encantadora”.
— Un defensor.
“El abanico es “la gracia” misma puesta en manos de la mujer. Es un error creer que ha muerto; lo que pasa es que las mujeres de hoy son más prácticas, pero no por eso han dejado de ser coquetas, y el abanico es el arma de la coquetería”.
— Una que espera el verano.
“Abanico fino de pasados días, tú sabes de muchas penas y alegrías... El abanico, repito, actualmente reducido en ella más gracia particularmente en un salón... es y debe ser el gracioso compañero de nuestra época”.
— Otilia Malaria (Miraflores)
“Soy de opinión que de moda obliga a las damas a llevar donde quiera que vayan... el abanico es una prenda eminentemente femenina... que el modernismo ha dejado ya oír su inspiración”.
— Dama Limeña
“Voto por el abanico porque a mi ‘flirt’ también le gusta”.
— Rosaura
“Como yo y mamá somos gordas, damos nuestro voto por el abanico también porque a mi novio le gusta”.
— Blanca Leturia
“Pese a quien le pese, el abanico tendrá más vida que Matusalén”.
— Lidia.
“La mujer no sabría prescindir de algo tan femenino, tan elegante y fácil de llevarlo... ¡abanico siempre!”.
— Magda
Señor cronista: Aunque nacida en estos tiempos de modernismo, soy de opinión que el abanico de origen tan antiguo, no debe nunca decaer. El abanico repito es elegante, es un adorno que debe llevar siempre la mujer fina y culta realzando en ella sus gracias, particularmente en un salón, teatros cinemas y demás fiestas sociales; por fin el abanico, es y debe ser el gracioso compañero de la mujer. Tengo 17 abriles, morena, de ojos negros y por lo tanto coqueta. Y una miradita bajo las plumas del abanico, hum, no le digo nada, señor cronista.
— S. Nena.
“El antiguo abanico limeño era la hermosa prenda femenina que completaba la “toilet” de la siempre distinguida y aristocrática mujer limeña. Hoy el (en este caso) prosaico modernismo ha desterrado esta artística prenda, que naciera virreinal y viviera lozanamente republicana. Opongámonos todos los limeños a esta, devastadora corriente que por ser insulsa es “yanqui”. Demos culto al arte, colocando en las finas manos de las damas de nuestros selectos salones esta prenda, cuyo uso, pero no su elegancia, se ha olvidado. Opino, pues, que el abanico es elegante y por consiguiente soy partidario de su restitución en los banquetes y bailes de etiqueta así como en las olvidadas tertulias, no para ahuyentar un supuesto calor sino por caprichosa y atractiva elegancia y para armamento femenil en la guerra del amor. No se usará pues ya el abanico para refresco aunque se acerca rápidamente el calor.
Así restituiremos en parte la antigua elegancia, característica singular y distinguida, de esta ciudad que fuera de virreyes y hoy bella y atractiva metrópoli que se llama Lima. (Ya la verdadera elegancia pondrá los modelos para el bailes, banquetes, etc.) Lectoras: no para refresco sino para elegancia: no se olviden, así lo quiero.
— Limeñista.
Entre las señoras que han enviado respuestas a la encuesta sobre el abanico, hay algunas que dicen ser incómodo llevarlo actualmente, en que la moda obliga a “las damas a llevar donde quiera que vayan, el espejo, la caja de colorete, la del rimmel, la barrita de carmín para los labios, la cigarrera y la bolsa. Pero tan trivial objeción es completamente inmotivada, pues precisamente las grandes bolsas que actualmente se usan, permiten guardar en ellas todos los objetos de tocador, y además el libro de misa, el pañuelo, la cigarrera, la bombonera, el rociador y un abanico, pues los se fabrican en nuestra época son pequeñas dimensiones.
Es elegante usar el abanico en iglesia, en las tertulias, teatros y cinemas; y guardarlo en la bolsa cuando se va de compras, cuando se tiene que abrir la sombrilla o cuando nos estorbe por cualquier motivo. Es costumbre que para los bailes y el teatro, se use el abanico con una cadenita de oro, o con una estrecha cinta de seda, que permiten sujetárseles con un broche en la cintura, o suspendérselas del cuello, de manera que no estorba su uso para bailar.
—La novia de Efraín.
Veo simpatiquísimo el abanico en el verano, y no dejo además de observar, que por este simple abaniquito, puede sacarse el carácter, el carácter de una persona según como lo maneje; ya sea con violencia o moderación (pobre abanico) no es cierto? ¡Agradezco al inventor! del muy gracioso abanico, mitiga en algo el calor. Abanico ¡precursor! rico, rico, sí. señor. Mil gracias a su inventor!... Con mi seudónimo humilde y esta, es la pura verdad, ya de ustedes se despide.
—Campesina en la ciudad.
Siendo el abanico un objeto tan femenino, la mujer no sabría prescindir de él, es tan elegante! y fácil de llevarlo, nosotras que siempre cargamos con nuestros “colores” y hasta con perros. Ya sabéis chicas, abanico en la calle, abanico en el baile, abanico en el teatro y abanico siempre.
—Magda L.
A las mujeres que por mí se mueren (que son muchas) las obligo a usar el abanico. También les recomiendo la crema Hinds para la cara y la leche de pepinos para las manos.
—H. E.
Abanico que ocultabas placentero las tristezas y alegrías de otra edad, vuelve a ser de las limeñas —¡Yo lo quiero!— confidente fiel, de sus gracias, sincero, de sus penas y de su felicidad.
—Lolita Malarín.
Opino porque todos, hombres y mujeres usen el abanico, y porque en verano da mucho calor el bigote. Es la opinión de un muchacho bien planteado y con bigotes.
—Ro Ro.
La plausible iniciativa de “El Comercio”, al promover una encuesta, sobre el abanico, ha suscitado un encendido entusiasmo en él ambiente feminista, principalmente, en nuestros círculos sociales, que en forma espontánea e interesante, se han producido, sobre el abanico, durante los días que ha durado la encuesta.
Si es verdad que nuestra civilización actual ha traído, como consecuencia natural, muchas transformaciones, ello no es una razón poderosa, para llegar al olvido, una cosa, que como el abanico es clásico y tradicional. A mi juicio, este adminículo de uso femenil, no debe de proscribirse; porque el abanico, ha sido y lo es en los tiempos modernos, un objeto de arte y de lujo, a través de sus varillas la mujer limeña ha sabido tejer el idilio romántico de su amor. Con el abanico los poetas han inspirado su musa, le han cantado, en versos admirables. Por esta razón, el abanico a mi ver debe de usarse. La clásica belleza de la mujer limeña debe de cubrirse con las blandas plumas del abanico.
—Benjamín I. Araujo.
El abanico, en la mujer, es un arma ofensiva y defensiva; como el bastón en el hombre. El complemento de la elegancia en un hombre es el bastón. En la mujer: el abanico. A un hombre sin bastón, algo le falta: el bastón. A una mujer sin abanico, algo le falta: el abanico.
—S.S.S.
Soy partidaria del abanico porque éste es uno de los adornos más útiles para la mujer, además de darnos aire, nos puede servir muchas veces para castigar a los no pocos imprudentes que no faltan en esta nuestra querida Lima.
—Zoraida.
- EN CONTRA
Señor redactor: —Yo creo que el abanico es una antigüedad. En el siglo de la radio y del aeroplano, el abanico resulta un anacronismo. Además, hoy las mujeres tenemos las manos muy ocupadas con el volante del auto o la raqueta de tennis.
— Lucía.
Señor redactor: No lo quiero ni para ventearse con él. Ya habrá visto usted que muchos hombres se dedican al abanico.
— Hortensita.
Señor redactor de “El Comercio”: ¿Más abanico? ¿Le parece a usted poco el que tenemos? Porque no me negará usted que el Perú es un “país” de abanico.
— Una limeña.
Señor redactor: El abanico ha muerto. Es una prenda de la época de nuestras abuelas. Hoy la mujer es más práctica y menos complicada.
— Moderna.
“Quiero decirte algo mi bien amado para que no cometas otro atroz pecado. Ha concluido todo, te notifico, si insistes en la compra de un abanico.
— LR.
Señor redactor de la Encuesta:
No acierto a comprender como ha podido usted pensar en la posibilidad de que el abanico merezca opinión. Nosotros jóvenes bien, pensamos que el abanico está completamente desopinado en estos tiempos. Para nuestras abuelas era un encanto el abanico y era una necesidad. Se ruborizaban tanto las pobres cuando se las hablaba de amor… Pero para las chicas de hoy que son tan frescas…
— Delio.
No, no y no!... he dicho que no. Si ellas usan el abanico, nosotros tendremos que usar ventilador.
— Titi.
Para los toros y las mañanas veraniegas, el abanico está muy bien. Para cualquier otra ocasión me parece que se encuentra un tanto demodé.
— Vacilante.
“Señor redactor: Mi opinión sobre el abanico es que ninguna mujer moderna, que se precie de tal, puede usarlo. El abanico es para las que tienen calor y para las que no tienen qué hacer con las manos. Una raqueta de tenis supera, no digo a 50 abanicos, a media docena de ventiladores”.
— Edgar.
“El abanico es una prenda que se registra sobre la indumentaria femenina hace mucho tiempo. Es indudable que el abanico da una nota de distinción. Pero hoy día, señor redactor, en que la mujer maneja el auto, fuma su “pitarra”, va al “stadium”, etc., no es posible aumentar nuestra ya pesada esclavitud con un abanico. Hay que tener las manos libres”.
— Una lectora.
“Para mí el abanico sólo debe usarse en las fiestas de etiqueta cuando las damas vayan con sus toilettes escotadas, entonces sí que lucen un hermoso abanico de plumas. En los cines, paseos, etc., es un objeto que no se debe llevar.
— Inés.
“Mi opinión sobre el uso del abanico es la siguiente: El abanico fue en la época de “antaño” usado por señoritas y damas para darse aire y ocultar sus rostros ante los galanes, pero en la época actual la mujer moderna ha cambiado el abanico por el “rouge” y el cigarrillo. Sin embargo, en las fiestas de gala, un gran abanico de plumas de avestruz da un tono de alta distinción”.
— Moderno.
“Aires malos soplaron, que no todo es bonanza, aunque un aire distinto esta encuesta buscara: aire de alas sutiles, de caricia y fragancia, aire de poesía, de las manos aladas, aire del abanico de las edades rancias. Hoy Eolo no quiere mandar brisas livianas; Céfiro se acurruca, se esconde Tramontana, el Simún del progreso, doquier, todo lo arrasa, que el Progreso no entiende de cuestiones del alma. ¿Para qué el abanico, cuando están ocupadas las manos en el ‘rimel’ que improvisa pestañas; en el ‘rouge’ que remeda bocas empurpuradas y en el ‘Abdulla’ aromático de orientales fragancias? Quédese el abanico al fondo de las arcas, que guarden sus varillas, de su secreto avaras, suspiros y sonrisas y besos y miradas, que fueron ‘in illo témpore’ lenguaje de las almas. Está muy bien, es justo, la moda es gran tirana; pero sobre la tumba donde el abanico yazga quedará este epitafio, entre flores y lágrimas: ¡Descubríos, mortales, aquí yace La Gracia!
— J. E. Ruste García”.
“El tiempo del abanico ha pasado, con pesar, hoy creo que es más rico abanicarse, ‘fumar’... El abanico murió, si lo piensan sacar muy atento estaré yo para volverlo a enterrar”.
— Enrique Moderno
“No soy partidaria de que se use el abanico, pues lo encuentro muy anticuado. Yo no lo usaré nunca”.
— Dolci di nome
“Yo y todos los de mi casa incluyendo al perrito nos oponemos a la resurrección del abanico por estar en oposición abierta con nuestra época”.
— Una familia numerosa
“El abanico es una lata que cuesta mucha plata, como disto de ser rico me río del abanico”.
— Areal
“¡Abanico? No. Mil veces no”.
— Julia
“Le veo simpatiquísimo en el verano; pero en la actualidad con los escotes y faldas cortas se ha vuelto la gente tan fresca y echa tanto aire... que dejan resfriados a los oyentes. El abanico al museo”.
— Veritas
“Toda evolución trae consigo cambios adecuados al ambiente creado. ¿Para qué implantar de nuevo una moda que no se acomoda ya al medio que vivimos?”.
— Zoraida.
“Como ‘Kaskaras’ pienso que no debe usarse el abanico en esta ciudad en que abundan los frescos. Y mucho ojo que se tome en cuenta mi opinión”.
— Don Juan en el otro mundo
“Para las muchachas modernas, partidarias entusiastas del rouge y de los cigarrillos perfumados, el abanico es un artefacto inútil”
— Claris Verbin
Aires malos soplaron,
que no todo es bonanza,
aunque un aire distinto
esta encuesta buscara;
aire de alas sutiles,
de caricia y fragancia,
aire de poesía,
de las manos aladas,
aire del abanico
de las edades rancias.
¿Para qué el abanico,
cuando están ocupadas
las manos en el “rimel”
que improvisa pestañas;
en el “rouge” que remeda
bocas empurpuradas
y en el “Abdula” arómico
de orientales fragancias?
en ininterrumpido
retoque de la máscara
las manos princesiles,
marfilinas o blancas,
en las que el artificio
miente uñas nacaradas,
de la “flaper”, moderna,
tan masculinizada?
Hoy Eolo no quiere
mandar brisas livianas;
Céfiro se acurruca,
se esconde Tramontana,
el Simún del progreso,
doquier, todo lo arrasa,
que el Progreso no entiende
de cuestiones del alma.
— J.E. Ruete García
En este versesito doy
lo que opino del abanico
aunque no es de fama mi pico,
pero con algunos estoy
que el abanico no es para las mujeres de “hoy”.
—Dionisio Castro León.
En tiempos de los cuellos altos y faldas largas era indispensable el abanico; pero en la actualidad, con los escotes y faldas cortas, se ha vuelto la gente tan fresca y se echa tanto aire y tatito viento sin necesidad de abanico, que lo dejan para los museos.
—Veritas.
Para las muchachas modernas, partidarias entusiastas del rouge y de los cigarrillos perfumados, el abanico es un artefacto inútil. Pero ¡qué honda tristeza, qué dulces recuerdos, experimentarían las abuelas al contemplar en las manos de sus nietas, el compañero inseparable, fiel trasunto de las penas y alegrías de la edad!
—Aumaol.
Para opinar no es necesario hacer versos ni perderse en contemplaciones filosóficas sobre el largo de los trajes, el tamaño de las pantorrillas, ni el aroma de los cigarrillos orientales. Tampoco es menester ocuparse de las melenas, del “rouge” ni de las costumbres modernas. Voto contra el abanico porque no me gusta. Creo que con esto me entienden todos. A ver si nos dejamos de tanta literatura.
—Claris Verbis.
Si todos fueran a opinar que el abanico debe usarse porque lo usaron nuestras abuelas, tendríamos que llevar fustanes almidonados y veinte metros de traje. El abanico es un estorbo.
—Chichibolo.
Para el calor limonadas, aguas gaseosas, baños de piscina y helados de carretita. El abanico pal gato.
—Punteña.
¡Abanico! Viejo paje de la coquetería arcaica, insustituible aliado de femeniles disimulos, de miradas furtivas y escondidas sonrisas... ¡Tu reinado pasó! Fuiste discreto confidente de silenciosas turbaciones, leve defensa de románticos rubores, poesía y color en las manos ducales de las gráciles y tímidas damitas dieciochescas... Y si tu alma imperó en el ambiente delicado, pulido y galante de aquel siglo que fue el siglo de las aristocracias y del minué, de las rizadas pelucas empolvadas, hoy no eres sino una hermosa reliquia evocativa de pretéritas épocas que han dejado en el alma la devota añoranza de tos tiempos mejores. ¡Abanico! Caduca mariposa de nácar y oro, de marfil y encaje... ¡Tu reinado pasó! Y hoy, únicamente podemos mirarte, como en sueño para tus poesías, a través de una vitrina....
—Alpha
¿Cree usted amable cronista, que haya en Lima una polla “bien” que se apasiones por este chisme demodée? ¡Cree usted compatible este adminículo esencialmente femenil, con la usanza masculina — feminizada del cigarrillo actual? Una figurita esbelta, un seudo Adonis con falda corta y melenita a lo garzón, manejando su “Crysler” veloz, ambas manos al volante, me puede usted decir cómo usaría el abanico?
No, mi querido cronista, no puede ser, ya esto pasó a la historia, ya el sitio del abanico es el que hoy día tiene, en una vitrina, y cuando más, en una exposición, tal como lo han comprendido y demostrado las inteligentes y modernas socias de “Entre Nous”.
Duerma en paz el abanico, digno contemporáneo de Don Juan Tenorio y otras antigüedades por el estilo.
—Casimiro B. Jarano.
El tiempo del abanico ha pasado, con pesar hoy creo que es más rico que abanicarse, “fumar”. Es lo mismo que decir que a Pizarro van a resucitar, que lo van a hacer revivir para volvernos a conquistar. Ya el abanico murió y sí lo piensan sacar muy atento estaré yo para volverlo a enterrar.
—Enrique Moderno







