Resumen

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El óleo peruano conocido como "Santo Domingo le entrega el anillo a Santa Rosa de Lima", recuperado por el FBI en Virginia, Estados Unidos. (Foto: AFP / Paul J. Richards)
El óleo peruano conocido como "Santo Domingo le entrega el anillo a Santa Rosa de Lima", recuperado por el FBI en Virginia, Estados Unidos. (Foto: AFP / Paul J. Richards)
/ PAUL J. RICHARDS
Por Czar Gutiérrez

La vida de los santos empieza cuando mueren. Como la de aquella joven de 31 años que pide su extremaunción, solicita ser enterrada en el convento de Santo Domingo y confiesa que quiere morir como ‘hija legítima de mi gran patriarca Santo Domingo’. Pide que extiendan el escapulario dominico sobre su cama. Pide perdón por los agravios cometidos. Mira el cielo con un crucifijo entre las manos. El arzobispo, junto a otros dignatarios de la Real Audiencia, están de rodillas. Ahora pide que le quiten la almohada para apoyar su cabeza en el madero que sostiene el tálamo mortal, ese gesto divino asociado a la santa cruz. Entonces dice: “Jesús, Jesús sea conmigo”. Y mirando el infinito, expira.