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“Todavía puedo pararme y dar un poquito de arte, pero cada vez es más complicado”: Bartola y por qué dice adiós a los grandes escenarios
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Estaba en cuarto de secundaria, tenía 15 años, cuando una tarde, en lugar de regresar a su casa en Barranco, Bartola siguió a sus amigas hasta Surco Viejo. En un parque se levantaba un escenario donde Martha Chávez, ‘La Peruanísima’, invitaba a los vecinos a participar en un concurso de canto. Ninguna de ellas había cantado antes, pero se animaron. Todas fueron eliminadas, excepto Esther Dávila Cossío, nombre real de la artista criolla. Con su interpretación de “Como una rosa roja”, conquistó al jurado y descubrió en su voz un talento que hasta entonces desconocía. Desde aquel día, jamás volvió a bajarse de un escenario.

Primeros pasos
La música criolla ya vivía en su casa. A las doce en punto, todos los días, su madre encendía el radio a transistores para escuchar a Los Embajadores Criollos. Los boleros, los tangos y los valses formaron parte de su infancia.
“Soy una casualidad del arte —confiesa hoy—. Si no hubiese pasado ese concurso, tal vez nunca habría descubierto que podía cantar. No tengo la mejor voz, pero sí soy una gran intérprete. Y eso es lo que me ha sostenido durante 55 años”, asegura.

Carrera a pulso
Su madre, como era natural en los años setenta, temía por ella. No quería que su hija saliera sola de noche, y hasta los 21 años, Bartola acudía a cada presentación acompañada por sus padres o hermanos. Esa disciplina familiar no le impidió crecer. Por el contrario, la sostuvo mientras se abría paso en un medio artístico donde, como decía Nicomedes Santa Cruz, “la carrera cuesta sangre, sudor y lágrimas”.
“Nos ha tocado resistir”, dice Bartola. “Nuestra música criolla siempre ha tenido que competir con géneros como la cumbia o ritmos como el reguetón, que llegan de afuera inflados por la industria. Y mientras uno se mata estudiando, interpretando, esforzándose, no siempre recibe el mismo valor. Pero seguimos. Porque el amor al arte no se negocia”.

Entre el dolor y la resistencia
La vida también le puso pruebas duras. En el 2002, perdió a su madre y, apenas un mes después, recibió un diagnóstico devastador: cáncer de endometrio en estadio 3. Pasó por radioterapias, braquiterapias y días enteros inmovilizada.
“Si no fuera por la música y por las oraciones de mi madre desde el cielo, no estaría aquí”, señala.
Fue entonces cuando aprendió a reír incluso en medio de la adversidad. “Cuando tienes cáncer no puedes bajar la guardia. No puedes deprimirte. La psicóloga me decía: ríete de la nada. Y así lo hice. Por eso muy pocas cosas me molestan. Tomo la vida con calma, con alegría”, confiesa.
Apuesta viral
A los 69 años, Bartola fue noticia internacional gracias a su participación junto a Mimy y Tony Succar en “Bemba Colorá”. Un verso pícaro suyo se volvió viral en TikTok, alcanzando más de 140 millones de vistas.
“Tony me agradeció por mi participación y me dijo que el trend que se hizo influyó, de alguna manera, en la obtención del Grammy. Sus palabras fueron gratificantes. Fue algo increíble: me escribían de Argentina, México, España…. Jamás imaginé una repercusión así a estas alturas de mi vida. Ha sido un premio al esfuerzo”, destaca emocionada.

Si bien Bartola recibió un diploma por su participación en “Alma, Corazón y Salsa”, el disco ganador del Grammy, aclara que solo habría obtenido el gramófono si hubiese alcanzado al menos el 36% de participación en la producción.
Último gran escenario
Este 17 de setiembre, Bartola cumplirá una cita que será también una despedida. En el Gran Teatro Nacional presentará “70 años… De Lujo”, un espectáculo que reunirá valses, boleros, huaynos, música del centro y hasta salsa. Será un recorrido por su vida, un regalo al público y un punto final a sus grandes conciertos en teatros de gran envergadura.

“Todavía puedo pararme en un escenario y dar un poquito de arte —dice—, pero cada vez es más complicado porque a veces la inversión es tan grande que pese a que se hacen promociones y los precios son asequibles, no se alcanza el ideal. Entonces, prefiero dejar el teatro, seguir con mis actuaciones particulares, con la radio, con lo que hago cotidianamente, los viajes a provincia o fuera de nuestra patria”, destaca.
Legado de amor
Más allá de los reconocimientos, Bartola —bautizada así por el insigne compositor Augusto Polo Campos— atesora los momentos en que alguien se le acerca para decirle: “Ese tema me devolvió la alegría en un momento difícil”. Esa conexión íntima con el público es, para ella, su verdadero legado.
Y aunque se despide de los grandes escenarios, mantiene viva la ilusión de un sueño compartido: “Ojalá algún día podamos ver juntas a Eva Ayllón, Cecilia Bracamonte, Cecilia Barraza, Lucía de la Cruz y a mí en un mismo escenario. Ese sería un regalo para todos los peruanos”, subraya.












