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“La batalla por la conectividad bioceánica: Perú vs Chile en el futuro comercial de Sudamérica”, por Irma Montes Patiño
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Dos megaproyectos de infraestructura están redefiniendo el mapa logístico sudamericano y desatando una competencia geopolítica sin precedentes por el control de los flujos comerciales hacia Asia. El Corredor Vial Bioceánico -que conectará el puerto brasileño de Santos con puertos del norte chileno, atravesando Paraguay y Argentina- se enfrenta a un rival formidable: el ambicioso proyecto ferroviario que unirá el Atlántico brasileño con el megapuerto de Chancay.
Esta pugna trasciende la mera infraestructura. Mientras el corredor vial de 2.400 kilómetros representa una iniciativa de integración sudamericana autónoma con beneficios distribuidos entre cuatro países, el tren bioceánico Brasil-Perú de 3.755 kilómetros consolida la estrategia china de la Franja y la Ruta. China, a través de COSCO Shipping Ports, controla el 60% del megapuerto de Chancay, posicionándolo como el primer puerto inteligente y automatizado de Sudamérica.
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Las ventajas técnicas inclinan la balanza hacia el proyecto peruano-chino. Chancay puede recibir megaportacontenedores de 18 mil TEU, embarcaciones consideradas las más grandes del mundo que hasta ahora no llegaban a Latinoamérica. En contraste, el principal puerto chileno, San Antonio, maneja aproximadamente 1,5 millones de TEU anuales, mientras que Chancay proyecta comenzar con un millón de TEU en su primera fase, con capacidad de expansión muy superior. Sin embargo, la ruta trazada hasta hoy contempla la salida al Pacífico chileno por puertos como Antofagasta e Iquique.
La eficiencia logística también favorece al proyecto ferroviario. Los sistemas férricos pueden movilizar volúmenes masivos con menores costos por tonelada transportada en comparación con el transporte terrestre, especialmente considerando las condiciones topográficas del Gran Chaco y la cordillera andina que debe atravesar el corredor vial. Para Brasil, principal productor mundial de soja, esta diferencia representa ahorros significativos en los costos de exportación hacia Asia.
No obstante, el corredor vial mantiene ventajas estratégicas importantes. Su carácter multilateral genera oportunidades de desarrollo económico distribuido y fortalece la integración sudamericana sin dependencia de potencias extrarregionales. Paraguay se beneficia particularmente al ver dinamizada su economía tradicionalmente aislada, mientras que Argentina consolida su posición como puente logístico continental.
La dimensión geopolítica revela las verdaderas apuestas en juego. El proyecto chino-peruano ejemplifica la estrategia asiática de control de infraestructura crítica, convirtiendo a Chancay en nodo central de la conectividad transcontinental bajo influencia china. Brasil obtiene acceso directo al Pacífico, pero cede control estratégico a Beijing. Por su parte, el corredor vial hacia Chile preserva mayor autonomía regional, aunque sacrificando eficiencias operativas.
Los datos comerciales son contundentes: el proyecto ferroviario beneficia significativamente al comercio global. China asegura acceso privilegiado a ‘commodities’ sudamericanos con costos logísticos reducidos, mientras que los productores brasileños ganan competitividad en mercados asiáticos. Los volúmenes comerciales proyectados superan ampliamente las capacidades de los puertos chilenos del norte, tradicionalmente especializados en exportación minera.
El Perú emerge como el gran ganador estratégico en ambos escenarios. Incluso si prospera únicamente la ruta hacia Chile, la superioridad técnica de Chancay podría atraer flujos comerciales que originalmente se dirigían a puertos chilenos. La proximidad a Lima, la automatización avanzada y el respaldo financiero chino convierten a Chancay en una alternativa superior para exportadores que buscan eficiencia y conectividad asiática.
Un factor adicional favorece al corredor vial: Paraguay mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán, no con China continental. Esta particularidad geopolítica convierte al corredor vial bioceánico en una alternativa estratégica para empresas taiwanesas y occidentales que buscan evitar infraestructura controlada por Beijing, añadiendo valor competitivo a este último.
Chile enfrenta el desafío de competir contra una infraestructura subsidiada por la segunda economía mundial. Sus puertos del norte, aunque eficientes, carecen de la capacidad tecnológica y financiera para rivalizar con Chancay. La estrategia chilena dependerá de maximizar sus ventajas en servicios especializados y diversificación de rutas comerciales.
En la carrera por dominar las rutas comerciales del siglo XXI, Chancay parte con ventajas decisivas: tecnología superior, capacidad financiera respaldada por Beijing y posicionamiento geoestratégico. La pregunta no es si el Perú ganará esta competencia, sino cuánto tráfico comercial podrá capturar de flujos tradicionalmente dirigidos hacia puertos chilenos.
La batalla por la conectividad bioceánica refleja transformaciones geopolíticas más amplias. China consolida su influencia en infraestructura crítica sudamericana, mientras que otros en la región navegan entre las oportunidades comerciales y riesgos de dependencia estratégica. El resultado determinará no solo los flujos comerciales futuros sino el balance de poder en el continente durante las décadas venideras.
(*) Irma Montes Patiño es licenciada en Relaciones Internacionales de la George Washington University











