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Marco Rubio da más pasos en la ofensiva de EE.UU. contra Venezuela y los cárteles
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La escalada de Estados Unidos contra los cárteles de la droga y el narcotráfico en las últimas semanas tiene un rostro visible: Marco Rubio, el primer secretario de Estado de origen hispano en la historia del país. La ofensiva emprendida por él y la Administración Trump tiene la vista fija en Venezuela, y puntualmente en Nicolás Maduro, a quien consideran el jefe del Cártel de los Soles. Pero no se detiene en el país llanero.
En los últimos días, Rubio ha estado en México y Ecuador, donde se reunió con los jefes de Estado de ambos países para abordar la lucha contra el crimen organizado.
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En el país azteca, Rubio se deshizo en elogios hacia la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum. “No hay gobierno en este momento que esté cooperando con nosotros más en la pelea contra la criminalidad que el Gobierno de México, se lo agradecemos muchísimo y queda mucho por hacer juntos”, señaló durante una conferencia de prensa. Puso como ejemplo de esta colaboración a los 55 delincuentes de alto nivel requeridos por Washington que fueron entregados por México hace unos días.
El Gobierno Mexicano destacó la consolidación del Programa de Cooperación sobre Seguridad Fronteriza y Aplicación de la Ley, una estrategia bilateral enfocada a reforzar la coordinación en asuntos como el narcotráfico, el crimen organizado, el tráfico de drogas y la migración irregular.
La siguiente parada de Rubio fue en Quito, donde lo recibió el mandatario ecuatoriano Daniel Noboa. El jefe de la diplomacia estadounidense anunció allí una ayuda de casi 20 millones de dólares al vecino del norte para enfrentar la violencia de numerosas bandas de narcotraficantes y designó a dos de ellas, Los Choneros y Los Lobos, como organizaciones terroristas por sus vínculos con los cárteles mexicanos.
En la capital ecuatoriana, además, elevó el tono contra el dictador venezolano y lo llamó “fugitivo de la justicia estadounidense”, dos días después de que fuerzas del país norteamericano bombardearan y destruyeran una lancha en el Caribe que había salido de Venezuela y que presuntamente llevaba droga. Esta arremetida revela el momento importante que hoy atraviesa Marco Rubio.
Cuando a fines de enero el enviado de Donald Trump a Caracas, Richard Grenell, posó sonriente con Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores junto a la espada de Bolívar, en los pasillos de Washington se susurraba que el secretario de Estado, Marco Rubio, perdía terreno frente a Grenell y a los empresarios petroleros, partidarios de una “agenda cero” para reavivar las negociaciones con el chavismo. Esta postura conciliadora permitió al productor de petróleo Chevron reanudar la perforación de pozos en Venezuela y coordinar tanto el intercambio de prisioneros como los vuelos de deportación de migrantes venezolanos indocumentados.
Siete meses después, Rubio ha retomado impulso. En su vasta trayectoria política, que incluye 14 años como senador por el estado de Florida, el actual secretario de Estado ha mantenido siempre una férrea postura contra los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela. En el Senado, muchos de los discursos televisados de Rubio y declaraciones oficiales se centraron en este último país. En el 2019, por ejemplo, dijo que había un “argumento convincente” de que la situación en Venezuela suponía una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, advirtiendo sobre la presencia del Ejército del presidente de Rusia, Vladímir Putin.
Rubio se muestra ahora partidario de asfixiar económicamente y presionar militarmente mucho más al régimen chavista. El mensaje que dejó en sus redes, luego de compartir detalles de la operación del martes contra la embarcación mencionada líneas arriba, no deja lugar a dudas: “Interceptar cargamentos de droga ya no funciona, en vez de interceptar hay que destruir, así que esto volverá a suceder”. En declaraciones a la agencia AP, Elliot Abrams, quien fue representante especial para Venezuela durante el primer mandato de Trump, dijo que “en el actual gobierno hay una división interna” en este tema y que “Rubio está presionando por una línea más dura contra Maduro” y ganando más batallas que antes.
La cúpula chavista no vacila en referirse al secretario de Estado como el instigador que “envenena” a Trump. “Señor presidente, debe tener cuidado porque Marco Rubio quiere que sus manos se manchen de sangre venezolana”, se pronunció Maduro esta semana. Y también está claro que la oposición venezolana cifra sus esperanzas más en Rubio que en Trump, debido a la amistad de María Corina Machado con aquel, una cercanía que viene desde la labor legislativa desarrollada por ambos en sus respectivos países. Ello llevó a Machado a decir, vía videoconferencia, en un acto de la oposición llevado a cabo hace tres días en Ciudad de Panamá que “hay que estar listos para una pronta transición”.











