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Debate con cable a tierra
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Próximos al inicio de la campaña electoral del 2026, y en un contexto marcado por la fragmentación partidaria, polarización y empobrecimiento del debate público, requerimos retomar el debate programático con cable a tierra: ¿qué debemos hacer mejor con los recursos que tenemos para responder a las urgencias que enfrentamos? ¿Qué resultados han logrado las políticas públicas y dónde urge mejorar?
Si centramos la discusión en el ámbito de las políticas sociales y analizamos su evolución en este milenio, preocupa la inercia programática: seguimos implementando soluciones que ya no responden con efectividad a los problemas que enfrentamos. Por ejemplo, en materia de pobreza, la gestión pública aún no reacciona ante el cambio de su distribución territorial. Si bien la tasa de pobreza monetaria nacional pasó de 29% en el 2023 a 27,6% en el 2024, aún estamos lejos de los niveles prepandemia: 20,2% en el 2019. Asimismo, coexisten dos problemáticas complejas: el recrudecimiento de la pobreza extrema en ámbitos rurales y el incremento de la pobreza urbana. Solo en Lima Metropolitana, la pobreza se duplicó en cinco años: de 14,2% en el 2019 a 27,6% en el 2024 (INEI, 2025). Los instrumentos de política pública (estrategias, políticas, programas) disponibles enfrentan limitaciones para responder a esta nueva realidad.
Reconocer las limitaciones de las políticas sociales que tenemos no debe suponer minimizar lo avanzado, sino impulsar una agenda de efectividad e innovación nutrida por los aprendizajes acumulados. Por ejemplo, sabemos que los programas de transferencias monetarias han sido efectivos para incentivar el acceso a servicios básicos de salud y educación en niños y adolescentes, y han sido muy importantes en la reducción de la pobreza extrema rural. Pero si no se mejora la calidad de los servicios públicos y las familias no acceden a oportunidades para mejorar sus ingresos, difícilmente daremos saltos importantes en acumulación de capital humano y salidas sostenibles de la pobreza.
En estos meses, los partidos elaborarán sus planes de gobierno. En materia de política social, si bien es necesario superar la inercia, hay que evitar caer en el “complejo de Adán”, tan nocivo para la gestión pública (empezar desde cero, sin construir sobre lo avanzado). Es indispensable conectar la agenda de superación de pobreza con la mejora de servicios públicos claves para el desarrollo humano (educación, salud), así como con las políticas de promoción del empleo y productividad dirigidas a sectores vulnerables, pues son claves para alcanzar la autonomía económica. Una oportunidad poco atendida es ampliar la oferta de servicios de cuidado públicos y privados que permitan a las mujeres acceder al mercado laboral en mejores condiciones. En este tema, es posible lograr consensos multipartidarios y conectar prioridades de política económica y social.

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