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Recortar Beca 18 es retroceder
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Las políticas públicas revelan las prioridades de un país. En ese sentido, la reciente decisión del Gobierno –impulsada desde la Presidencia del Consejo de Ministros y el Ministerio de Economía– de reducir el financiamiento destinado a Beca 18 constituye un mensaje preocupante para el futuro del Perú. Este recorte no es solo un ajuste presupuestal: es un retroceso en la construcción de un país más competitivo, equitativo y moderno.
Desde su creación, Beca 18 de Pronabec ha sido una de las iniciativas más efectivas para democratizar el acceso a la educación superior, permitiendo que jóvenes talentos de bajos recursos ingresen a universidades e institutos de calidad. En un país donde el origen socioeconómico sigue determinando el destino educativo, este programa corrige fallas estructurales del mercado y asegura que el talento –no la capacidad de pago– sea el principal criterio para acceder a mejores oportunidades.
Por ello, reducir su financiamiento implica cerrar puertas justo a quienes más necesitan políticas de inclusión, especialmente jóvenes de zonas rurales, comunidades indígenas, estudiantes afectados por la violencia o pobreza extrema. Es una medida que contradice cualquier discurso gubernamental sobre igualdad de oportunidades, desarrollo territorial y lucha contra la pobreza.
Pero más grave aún es que esta decisión carece de visión estratégica. Numerosos estudios en el Perú y el mundo demuestran que invertir en educación superior es una de las políticas con mayor retorno social y económico. Los beneficiarios de Beca 18 acceden a empleos más formales, mejor remunerados y con mayor productividad; contribuyen más al fisco; apoyan el desarrollo regional; y fortalecen sectores estratégicos como salud, ingeniería, educación, tecnología y ciencias. Reducir este programa es, por tanto, debilitar la capacidad del país para competir en un contexto global cada vez más exigente.
La economía peruana necesita urgentemente impulsar capital humano altamente calificado para enfrentar la transición digital, la diversificación productiva y los desafíos de sostenibilidad. Ninguno de estos retos puede ser superado con un Estado que recorta la inversión en talento. Por el contrario, las naciones que hoy lideran en innovación y crecimiento son aquellas que apostaron decididamente por formar a su juventud y expandir su base científica y tecnológica.
Las decisiones presupuestales deben ser coherentes con las metas nacionales. Si el Perú aspira a mayor productividad, reducción de desigualdades y movilidad social, entonces Beca 18 no debe recortarse: debe fortalecerse y ampliarse. La austeridad mal direccionada puede terminar costando mucho más en el largo plazo: menos profesionales, menos innovación, más desigualdad y un país menos competitivo.
Defender Beca 18 no es un posicionamiento político-partidario; es un compromiso con la evidencia, con la juventud y con el futuro del país. Renunciar a esta inversión estratégica sería renunciar a miles de historias de superación que hoy sostienen el desarrollo del Perú.
Recortar Beca 18 es retroceder. Mantenerla y potenciarla es avanzar hacia el país que todos decimos querer.

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