
La presidenta Dina Boluarte viajará en los próximos días a Davos, Suiza, para participar en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en los Alpes entre el 20 y el 24 de enero. Según el Gobierno, su presencia en esta reunión global de líderes políticos, empresariales y de la sociedad civil permitirá proyectar confianza en nuestra economía y destacar el liderazgo del Perú en temas como el cambio climático y la cooperación internacional.
La presidenta participará, según el programa oficial, en tres sesiones sobre la gobernabilidad en América Latina, el manejo de residuos plásticos y la transición energética.
Mi interés, personalmente, estará en la primera, titulada “Abordando las fallas de América Latina”, en la que la presidenta y su homólogo panameño, José Raúl Mulino, explicarán cómo están navegando los riesgos e incertidumbres para la gobernabilidad, como la polarización política, las crecientes demandas por seguridad y los flujos migratorios, mientras buscan generar estabilidad y promover las inversiones en el país.
¿Qué va a decir Boluarte sobre la inseguridad, por ejemplo, en un contexto en el que los asesinatos rompen récords en el Perú y los mineros ilegales siguen volando torres de alta tensión con total impunidad pese a los constantes estados de emergencia en Pataz?
Tampoco queda claro si será honesta respecto de cómo está enfrentando los riesgos a la gobernabilidad. Resulta difícil imaginar que reconozca, por ejemplo, que nadie puede asegurar que su gobierno continúe luego de que se convoquen elecciones en abril o que su estrategia para defender la gobernabilidad ha sido, simplemente, ceder a las presiones de las fuerzas políticas en el Congreso.
Respecto del atractivo del Perú para las inversiones, seguramente destacará el crecimiento de poco más de 3% que se habría logrado en el 2024, pero dejando de mencionar que el avance solo ha sido posible en comparación con un pésimo 2023 y que su gobierno pasará a la historia como el primero en el que se incumplió la meta del déficit fiscal por dos años consecutivos. Es difícil imaginar también que reconozca que sus ministros de Economía, Alex Contreras y José Arista, han logrado debilitar una de las pocas cosas que hemos hecho bien como país en las últimas décadas: defender la sostenibilidad fiscal contra las presiones políticas y apuntalar nuestras fortalezas macroeconómicas.
Las inversiones, como sabemos, requieren predictibilidad en el largo plazo y, con las elecciones generales del 2026 a la vuelta de la esquina y el desinterés del Gobierno por mejorar el clima para los negocios, Boluarte no solo tendría que seguir haciéndose la sueca y no mirar la realidad, sino ir más allá y hacerse la suiza para pintar una imagen auspiciosa del Perú en Davos.

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