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El aire en democracia o la democracia en el aire
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La mayoría de los peruanos pensamos que nuestra democracia está en declive y la calidad del aire también.
Entonces, ¿qué podemos hacer por un aire más limpio? Para empezar, estar bien informados, exigir nuestros derechos y que se tome la oportunidad por las autoridades, sin distinción de posición política.
El aire limpio es un nutriente que contiene no solo oxígeno, sino vitaminas y minerales esenciales, y el aire contaminado está conformado por partículas de humo, dióxido de azufre y otros contaminantes que causan muertes prematuras por accidentes cerebrovasculares, isquemia del corazón, cáncer al pulmón, enfermedades pulmonares obstructivas crónicas, diabetes, etc.
En Lima se han estimado 10.000 muertes prematuras anuales, 1.000 en Arequipa. ¿Cómo será en Juliaca o Chiclayo?
Los grandes productores mundiales desechan tecnologías contaminantes en los países que no cuentan con normas ambientales claras, afectando la producción local de los “beneficiarios” en la carrera por producción limpia, eficiente y carbono neutral.
Competitividad, productividad y estándares ambientales están relacionados y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) nos recomienda mejoras al respecto.
Es urgente que nuestro país cuente con límites permisibles de emisiones y realice el control respectivo.
Parte importante del origen de la contaminación del aire son los vehículos automotores y la mala calidad de los combustibles, pero también las fundiciones, calderos y motores industriales, siderurgia y ladrilleras.
Es grave que no contemos con límites permisibles para ninguna de estas actividades, excepto los vehículos.
La falta de estándares genera dudosos estudios de impacto ambiental. No hay una centralización de los datos de calidad del aire y su adecuada difusión pública.
Más de 60 ciudadanos hemos solicitado al ministro del Ambiente que se aprueben los estándares ambientales pendientes por muchos años para emisiones al aire.
Con decisión política se puede proteger la salud pública, evitar el ingreso de tecnologías contaminantes, promover competitividad, cumplir con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), honrar el Acuerdo de París sobre cambio climático y realizar las recomendaciones de la encíclica “Laudato si” (2015), que demanda la reducción drástica de gases contaminantes y políticas de precio a las emisiones de carbono para cuidar la casa común.
Tenemos derecho a un aire limpio y a que la democracia no quede en el aire.

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