
Acercándonos a las elecciones, nuestros políticos han empezado a buscar paliar la apatía y desconfianza, intentando llenar el vacío político con verborrea. Toda la energía se ha concentrado en inventar nombres atractivos para sus organizaciones políticas. La incapacidad de gobernar trata de ser compensada con lemas sugerentes, pero sin mayor contenido. Creen poder convencer a los ciudadanos con palabras cautivadoras, pero en el fondo solo son palabras vacías sin sustento.
Los apelativos más comunes de las organizaciones que competirán son libertad, democracia, unidad, fe, esperanza y acción. Por ejemplo, la palabra ‘libertad’ de diversas formas, (Libertad Popular, Perú Libre, Fuerza y Libertad). En la mentalidad ingenua de nuestros políticos, resulta fácil ofrecer libertad porque para muchas personas es algo gratis, inherente e inalienable a todo ser humano. A diferencia de esta fantasía hoy en día, abrazamos más bien una posición crítica de esta falacia del liberalismo que infructuosamente desvincula la libertad de las condiciones concretas de vida, en realidad. La libertad solo se logra a un costo muy alto y solo el empoderado puede realmente ejercerla. En pocas palabras, no hay libertad verdadera cuando hay pobreza, desigualdad e informalidad. Ninguno de estos partidos ha planteado con claridad cómo lograremos que la mayoría pueda ejercerla.
Algo parecido ocurre con la palabra ‘democracia’. Para diferenciarse entre sí, califican a la democracia caprichosamente. Por ejemplo, hay partidos de democracia “federal”, “integrada”, “unida”. Al igual que la libertad, asumen que la democracia es poco problemática cuando en realidad rescatarla requiere forjar una institucionalidad que prácticamente ha desaparecido.
Casi un tercio incluye ‘Perú’, ‘nación’, ‘país’ o ‘patria’. Se asemeja a lo que nos piden las compañías que patrocinan a la selección de fútbol: un salto de fe que solo involucra “ponerse la camiseta”. Otros movimientos han adoptado virtudes religiosas: piden que tengamos fe en el Perú y que debemos creer en el país. Otros hacen énfasis en la inmediatez, pidiendo que forjemos patria con acción (‘podemos’, ‘progresemos’) y no reflexión.
En otras democracias funcionales, los nombres de los partidos indican una de dos cosas. Su trayectoria histórica (republicanos y demócratas) o su posición ideológica (socialdemocracia cristiana, socialista, liberal). Es decir, el nombre ya indica el tipo de gobierno y dirección que implementarán. Esto no es posible en el Perú, porque no tenemos partidos propiamente dichos y el devenir partidario depende muchas veces del capricho de su dueño o cacique.

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