Respuestas/ OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
La cruda realidad
“La política internacional, como la vida misma, no se mueve en términos absolutos: siempre habrá un débil y un fuerte, existirán excepciones y será necesario un control internacional que limite los excesos del poder”.
:quality(75)/author-service-images-prod-us-east-1.publishing.aws.arc.pub/elcomercio/ac70c929-ddd8-4ca2-84bb-bd8ed6f436b8.png)
Escritora y especialista en Relaciones Internacionales
Resumen
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Si vemos en la calle a alguien en situación de necesidad, no siempre volteamos a ayudar; muchas veces pasamos de largo. Algunos buenos samaritanos, sin embargo, se detienen y colaboran sin esperar nada a cambio.
Si vemos en la calle a alguien en situación de necesidad, no siempre volteamos a ayudar; muchas veces pasamos de largo. Algunos buenos samaritanos, sin embargo, se detienen y colaboran sin esperar nada a cambio.
De manera similar, cuando un país enfrenta una crisis humanitaria, no todos los Estados intervienen, y aunque algunos pueden tender la mano, pensar que esa ayuda es completamente desinteresada es un tanto irreal.
La disciplina de las Relaciones Internacionales considera al realismo político (Hans Morgenthau, 1948) como un enfoque que explica esta dinámica, no desde la moral, sino desde el análisis del poder. Y en el contexto venezolano reciente, esta teoría se hace presente.
El realismo sostiene que el sistema internacional es esencialmente anárquico: no existe una autoridad superior con capacidad coercitiva efectiva. En ese entorno, los Estados priorizan sus intereses nacionales, seguridad y supervivencia.
Sobre el caso venezolano, no sería razonable considerar que Estados Unidos buscó liberarlos de la opresión de una dictadura por una motivación humanitaria, aun valiéndose de otros argumentos. Como bien explica el realismo: el poder, la competencia y el cálculo estratégico son factores centrales en política exterior.
No obstante, en este punto específico, y más allá de intereses de una potencia en particular, es notable la esperanza y alegría de una parte importante de la población venezolana, así como de numerosos Estados democráticos, quienes han expresado su respaldo a la detención del líder autócrata que durante años mantuvo al país bajo un régimen de autoritarismo político y profundo deterioro socioeconómico.
Sin embargo, al mismo tiempo juristas y especialistas en derecho internacional han cuestionado la legalidad de dicha acción, al advertir vulneraciones a los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas, en particular aquellos relativos al respeto de la soberanía de los pueblos.
Es preciso resaltar, que esta controversia que ilustra cada postura, no es reciente. El realismo político surge como reacción a la corriente idealista (Woodrow Wilson, 1918), que confiaba en que normas, derecho e instituciones internacionales bastarían para garantizar la paz. Sin embargo, la experiencia venezolana demuestra que, durante años, el cumplimiento formal del derecho no produjo cambios sustantivos, ni alivió el sufrimiento de la población.
Tenemos dos posiciones razonables frente a un caso altamente cuestionado, en un contexto actual de profunda reconfiguración geopolítica.
Las recientes declaraciones del presidente estadounidense han puesto en evidencia un interés explícito por ejercer influencia estratégica fuera de sus fronteras, como en Groenlandia, por ejemplo, donde reiteró su deseo de “propiedad” por razones de seguridad nacional.
En América Latina, tras una operación militar liderada por Estados Unidos en Venezuela que derivó en la captura de Nicolás Maduro, el gobierno estadounidense declaró que no habría más petróleo ni recursos procedentes de Venezuela para Cuba, e instó a La Habana a negociar con Washington antes de que fuera “demasiado tarde”, generando fuertes respuestas en defensa de la soberanía por parte del gobierno cubano.
En este panorama, el debate sobre los límites del poder se abre nuevamente:
¿el fuerte puede ser incontrolable? ¿el débil necesita su intervención?
Es incuestionable que Venezuela enfrentaba una situación que superaba sus capacidades internas de resolución. Y también queda claro que las manifestaciones del gobierno estadounidense revelan una orientación hacia un imperialismo agresivo, característico de su política exterior “America First”. Esta es la cruda realidad.
La teoría siempre se tiene que conectar con la práctica, y como en toda situación, debe siempre haber un balance estratégico. La historia nos muestra que, en muchos casos, pueblos han sido salvados mediante acciones excepcionales, como la liberación de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, la intervención de la OTAN en Kosovo o las operaciones humanitarias en Sudáfrica, entre otros conflictos. Estas intervenciones han estado fuera del marco legal establecido, pero su impacto en la protección de vidas y la supervivencia de comunidades ha sido decisivo.
Es preciso indicar, que estos casos de realismo político no defienden una postura, solo explican los hechos.
¿Qué pasara con la Venezuela actual? No es predecible, la incertidumbre es parte de las transiciones, pero lo que si se puede interpretar es que los últimos eventos muestran que la dinámica del poder sigue siendo el eje central de las relaciones internacionales, y no se puede negar que el pragmatismo, la interpretación flexible de las normas y la adaptación a circunstancias excepcionales se presentan cuando la teoría se enfrenta a la realidad.
La política internacional, como la vida misma, no se mueve en términos absolutos: siempre habrá un débil y un fuerte, existirán excepciones y será necesario un control internacional que limite los excesos del poder. Comprender esto no significa justificar un escenario, sino aceptarlo y aprender a manejarlo. Esa es la dinámica de la vida y, por supuesto, del mundo en el que vivimos.
OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.









