De todos y de nadie

“Lima: la ciudad donde nací hace casi medio siglo. Donde aún viven mi madre, mis hermanos y algunos de los mejores amigos que me quedan. Donde el recuerdo de mi infancia deambula en zigzag como una gallina sin cabeza”.

    Renato Cisneros
    Por

    Escritor y periodista

    rcisneros@comercio.com.pe

    Hay un momento en que las grandes ciudades dejan de ser escenografías, cascarones que se contemplan, y pasan a ser entes vivos, complejos, contagiados de las virtudes, defectos y contrastes de quienes allí «están siendo». Lima es sus paradojas. La pujante y peligrosa. La señorial y descuidada. La ciudad-valle pero también la ciudad-tugurio. La entrañable, la salvaje, la rabiosa. Lima son los limeños. La gente que la respeta, la destruye, la cuida, la envilece, la que asegura que la quiere, la que jura que la odia, la que la sueña, la que la recuerda, la que ya la olvidó. Lima es el agujero negro que nos devora cuando no nos vomita. Nadie escapa de sus rigores. Sus nueve millones de habitantes (sin contar el millón y medio de venezolanos) transitan por ella como por un embudo, y sobreviven con una ambigüedad sentimental en la que se detecta, primero, desconfianza hacia el otro y, segundo, un optimismo solo explicable por la afortunada proximidad del mar.

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