El Centro de Investigación en Opinión Pública de la Universidad de Piura presentó el 11 de setiembre último una encuesta nacional aplicada entre estudiantes de universidades públicas y privadas de todo el país. A partir de sus respuestas, queda claro que la opinión crítica frente a la crisis que atraviesa el país no es asunto de un pequeño grupo ni de una corriente de pensamiento minoritaria.
Las respuestas reflejan una desconfianza rotunda frente a las instituciones del Estado: al evaluar su conducta, la mayoría considera que “siempre son corruptas” (66%). Asimismo, que “a veces actúan ilegalmente” (63%), “son discriminadoras” (66%) y “son arbitrarias” (71%).
Al mismo tiempo, conscientes de la necesidad de un Estado que no deje todo a la voluntad del sacro mercado, 78% se manifiesta en desacuerdo con la idea de que “el gobierno no debe intervenir nunca en el sector privado”.
En el panorama social también son categóricos. Tan solo el 3% considera que en el Perú no se discrimina por motivos socioeconómicos o por razones étnicas. Únicamente el 5% considera que no se discrimina a “la comunidad LGTBIQ+” y que “el Perú no es un país machista”. Algo positivo, junto con la conciencia generalizada respecto de los prejuicios que enturbian la vida nacional, es que un número significativo considera que en el país se está luchando para reducir estas diversas formas de discriminación.
Una penosa constatación es que, “si tuviera la oportunidad”, la abrumadora mayoría de jóvenes está dispuesta a partir al extranjero a buscar trabajo después de terminar sus estudios (94%). Solo el 6% dice que se quedaría en el Perú. Un buen número “viajaría a España” (21%) o “a otro país europeo” (34%). El efecto Trump se manifiesta: solo 10% iría a trabajar a Estados Unidos, menos que “a Canadá” (12%) o a “otro país latinoamericano o sudamericano” (11%).
Emmanuel Todd, sociólogo francés, afirma que “una democracia sana no puede prescindir de élites. Incluso cabría decir que lo que separa la democracia del populismo es la aceptación, por parte del pueblo, de la necesidad de una élite en la que confiar”. A meses de las elecciones, la situación es crítica: no se avizora élite alguna que pueda responder a las preocupaciones y demandas de la juventud. Peligrosamente, la desvinculación se ha generalizado.
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