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“Made in regiones”
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Antes de escribir este puñado de palabras, vale indicar que la corrupción en el Perú no es solo un drama regional, sino histórico y nacional. Lima debe tener los casos más sonados, pero la corrupción es un fantasma que también camina en las regiones. Ahora bien, escribo esta columna a propósito de , un abogado que viene desde las “provincias”, cuya “escuela laboral” ha sido Áncash, una de las regiones con mayores casos y denuncias de corrupción.

Es 1763, Antonio de Ulloa publica un potente informe sobre la corrupción en Huancavelica, donde había sido nombrado gobernador y superintendente de las minas de mercurio años antes. La vida de Ulloa es una de aquellas tantas biografías perdidas y casi olvidadas, con hazañas y fracasos. Había participado victorioso en la campaña de Nápoles, en la que el Imperio Hispano derrota a los austriacos; en 1737 –junto con representantes de la Academia de Ciencias de Francia– participa en la expedición geodésica en Quito para comprobar la forma de la tierra. La expedición geodésica fue, acaso, una de las grandes colaboraciones científicas entre franceses y españoles. Luego, De Ulloa fue nombrado gobernador de Luisiana, provincia española que era casi del tamaño del México actual o Arabia Saudita. Hombre de nobleza, De Ulloa denuncia la corrupción sin dudas ni murmuraciones. Esta columna bien podría titularse “minas, regiones y corrupción” porque la historia acompaña esa triada maléfica. Después volveremos a ello.

La corrupción en las regiones ha sido una constante en la historia nacional y aún lo es. Podríamos decir que en las regiones, provincias y distritos no hay papel que se mueva sin sobornos o “peajes”. Licencias, permisos, evaluaciones, fiscalizaciones. Nada pasa de un lugar a otro, de funcionario a funcionario, sin la previa “aceitada” respectiva; en su forma más sofisticada, la corrupción se presenta como “consultorías” a empresas cuyos dueños son en realidad testaferros de autoridades o funcionarios.

Se podrá decir que, debido a la tecnología y las comunicaciones, hoy se hace más factible denunciar como conocer algunos casos (de los mucho que existen); sin embargo, cuando De Ulloa denuncia los entramados en Huancavelica, registra también que la corrupción no juzga democracias o monarquías, tiempos ni espacios. Viene de lo lejos y va hacia el futuro.

Lo que no se puede negar es que si ahora hay una mayor incidencia de corrupción se debe a ese tinglado de descentralización donde las regiones o provincias tienen autonomía en sus decisiones y, sobre todo, mayores presupuestos, en algunos casos millonarios, como en las zonas mineras.

No podemos explicar, por poner un ejemplo, el auge de la criminalidad en la minería como la propia minería informal sin la acción u omisión de los gobiernos regionales que tenían facultades constitucionales para fiscalizar y formalizar la mediana y pequeña minería como la minería artesanal. Mire usted Puno, La Libertad o Loreto, donde las regiones han sido la principal fuente de desorganización estatal. Por esto dije que esta columna también se podría llamar “minas, regiones y corrupción” ,o sino, “minas, Reinfo, regiones y corrupción”.

A pesar de todos los intentos de control y vigilancia, incluso con la aplicación de diversas estrategias de rendición de cuentas financiadas por organismos internacionales, la corrupción campea en los gobiernos subnacionales y allí donde está la ley está la trampa. Las maquinarias de corrupción le encuentran fallos al sistema y se reorganizan con nuevas modalidades o formas cuyo resultado son obras paralizadas en la eternidad, proyectos fracasados, construcciones que se caen o están mal diseñadas y construidas y un auge de empresas consultoras especializadas en “propuesta de factibilidad técnicas”. En algunos casos, la sofisticación llega a tal extremo que programas público- privado (Caso Procompite) son diseñados y elaborados (los “términos de referencia”) para que gane determinado grupo o amigo afín a la autoridad correspondiente. En Áncash, en la Municipalidad de San Marcos, hay una maquinaria especializada en hacer proyectos Procompite a la medida del cliente.

Hay una corrupción “made in regiones”. Corrupción y política caminan juntos porque –en algunos casos– el poder político también se ha corrompido y, por lo tanto, hay un “arquetipo”, una “metodología” de “hacer corrupción”, tanto en izquierdas como en derechas. La corrupción no admite presupuestos ideológicos. Ojalá tengamos otro Antonio de Ulloa.

*El autor es asesor del equipo técnico-minero de Enrique Valderrama (Apra).

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Iván Arenas es especialista en minería e hidrocarburos.

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