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Un año decisivo para Ucrania
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Empieza otro año más, y los soldados rusos y ucranianos siguen en el frente de batalla aferrados a la esperanza de que en algún momento la guerra se termine. En febrero entraremos al quinto año de un enfrentamiento bélico que ha marcado la dinámica de la geopolítica global y cuyo desenlace sigue siendo incierto, con negociaciones que avanzan y retroceden en medio del hastío de la población de dos países que saben que no habrá un final feliz.
En el 2025 que se fue, el año del regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, las victorias territoriales han sido mínimas. Rusia solo ha podido adjudicarse el control del 1% del suelo ucraniano mientras ha registrado 400.000 bajas en sus tropas, entre muertos, heridos y desaparecidos.
Ucrania se aferra con uñas y dientes al Donbás, la región del este que Rusia quiere capturar por completo y que aún tiene varias zonas bajo dominio ucraniano, mientras que sus drones han atacado suelo ruso, como en la operación Telaraña de junio que sorprendió por su complejidad y osadía.
Pero la batalla verdadera ha estado en el frente diplomático. Con Trump en la Casa Blanca, la estrategia tuvo que cambiar tanto para Vladimir Putin como para Volodimir Zelenski. Este último, sin duda, fue quien tuvo que aprender con mayor rapidez –con humillaciones de por medio– cómo tratar al presidente republicano y darle por su lado para poder obtener algunas concesiones y, sobre todo, armas y financiamiento.
Trump, que pensó que la guerra la resolvería en tiempo récord, también se ha dado cuenta que no saldrá inmune de sus tratos con Putin, uno de los políticos más astutos de las últimas décadas y que no transará a menos que logre quedar ante la opinión pública rusa como el ganador. De hecho, Trump ha reconocido en varias oportunidades que la manera más viable de terminar la guerra es que Zelenski acepte la entrega de los territorios que Rusia ya controla y que no es realista que Ucrania mantenga las fronteras que tenía hasta el 2022 o el 2014, cuando fue el verdadero inicio de la invasión.
Pero Ucrania sigue siendo un hueso duro de roer. Ha aumentado considerablemente la producción de su propio armamento y aún no cede completamente el 20% de Donetsk, una de las provincias cuyo control será crucial para determinar el destino que tendrá la guerra en el 2026.
El mandatario estadounidense también entra a un año crucial. El noviembre serán las elecciones legislativas y sabe que debe enfocarse más en la política doméstica, por eso su premura para que la guerra se resuelva pronto y sea un gran espaldarazo para la campaña.

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