Supervivientes

Cuando el techo del patio de comidas del Real Plaza en Trujillo se vino abajo, no solo se desploma un techo, se desploma también el espacio contemporáneo de mayor socialización de un ciudadano.

    Gonzalo Banda
    Por

    Analista político

    Cuando el techo del patio de comidas del Real Plaza en Trujillo se vino abajo, no solo se desploma un techo, se desploma también el espacio contemporáneo de mayor socialización de un ciudadano. Foto: Mindef
    Cuando el techo del patio de comidas del Real Plaza en Trujillo se vino abajo, no solo se desploma un techo, se desploma también el espacio contemporáneo de mayor socialización de un ciudadano. Foto: Mindef

    Nicolás Yerovi solía decir que la democracia peruana no tenía ciudadanos sino sobrevivientes. Uno sobrevive a las fatalidades y a las desgracias, nunca a los caminos depurados. El Perú es más una fatalidad que se esquiva, que un trampolín que le permite a sus ciudadanos escapar de la desventura. El Perú ha generado relaciones de desprolijidad y trágicas que nacen de la informalidad y la precariedad: huaicos, incendios, puentes caídos, entre muchas desgracias. Pero si la tragedia es imputable a los sectores más prósperos y formales del país, como sucedió con el Real Plaza de Trujillo, los ciudadanos peruanos han desbloqueado un nuevo nivel de supervivencia.

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