Leí “La ciudad y los perros” en 1968 cuando estudiaba en Bilbao, España. Tenía 20 años. En mi retorno a Lima disfruté de “Conversación en La Catedral”, pero no conocía a su autor, en esa época un destacado integrante del llamado ‘boom’ latinoamericano. Fue a comienzos de los años ochenta en un almuerzo que organizó mi padre donde también asistieron Julio Ramón Ribeyro, Ella Dunbar Temple y Alberto Escobar. Recuerdo que en esa reunión Vargas Llosa y mi padre intercambiaron opiniones sobre la sexualidad en las sociedades libres y en las sociedades cerradas, allí donde había democracia y donde predominaba el totalitarismo.
Pasó el tiempo y la figura de Vargas Llosa crecía como espuma. Fue en el 2001 que nos encontramos en Pau, capital de la provincia francesa conocida como Le Bearne.
Mario llegaba para recibir un honoris causa de la universidad propuesto por Roland Forgues. A Roland se le ocurrió organizar un conjunto de conferencias sobre su obra y me pidió que hablara sobre el pensamiento político de quien sería futuro Premio Nobel. Me encontré con él en el hotel y luego de saludarnos le dije que mi ponencia era sobre su pensamiento político. Me agradeció y me pidió que se la prestara, lo que por supuesto hice. La miró rápidamente y me pidió encontrarnos en un restaurante para tomar un té. A esa hora estábamos frente a frente y yo con mucha curiosidad por saber cuál era su opinión sobre mi trabajo. Señaló que le gustó bastante.
Pasaron seis años y nos encontramos en París. A esta reunión asistió Javier Pérez de Cuéllar, quien luego nos invitó a almorzar con nuestras esposas a su departamento parisino al día siguiente. También estuvieron Fernando de Szyszlo y su esposa. Por supuesto que la política no fue ajena en nuestras conversaciones y el tema era si se votaba por Ollanta Humala o Alan García. Está de más decir por quién se inclinó Mario, tapándose la nariz.
No lo vi más, hasta que un buen día recibí una carta suya que luego fue publicada en mi libro “Periodismo y democracia”, editado por El Comercio y el CIAC en el 2016. La carta fechada el 9 de octubre del 2014 es un conciso comentario sobre un artículo que titulé “¿Qué es el fujimorismo?” y tenía por finalidad defender a Mario sobre los embates calumniosos de los fujimoristas contra él.
Mario Vargas Llosa estará con los peruanos en el recuerdo y por su magna obra, pero también por ser un férreo defensor de la libertad y de la democracia, sin ninguna concesión a las dictaduras, sean de derecha o de izquierda. Para mí, fue un liberal humanista.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.