He utilizado este foro varias veces para escribir sobre los temas que más he investigado en el país: el nivel de respeto a las normas, la convivencia y el espacio público.
Así que no me llamó la atención el video que muestra a un motorista energúmeno pateando a un peatón inocente que osó cruzar frente a su carro y golpear el auto por la falta de respeto al caminante. Confieso, además, que varias veces he golpeado carros por el mismo motivo: que no me han cedido el paso cuando cruzaba legal y correctamente una de nuestras calles. Sin embargo, nunca me han pateado cobardemente. Sí me han mentado la madre y amenazado con agredirme, pero siempre siguiendo la costumbre tan limeña de ser alharaca de insultarse, pero no llegar a las manos.
A todos los que he tenido la oportunidad de enseñar a manejar les he insistido sobre cuán vulnerable es el peatón y el ciclista en comparación con el motorista. De ahí la especial consideración y cuidado con los que no están sobre cuatro ruedas.
El problema es que relativizamos o minimizamos los asuntos serios y profundos por su cotidianidad. Siempre que en diversos foros he hablado sobre el peatón y sus derechos, alguien de la audiencia ha insistido en cómo los peatones también eran responsables porque cruzan como bestias o sin cuidado. Más allá de que es una falacia generalizar, refleja el pensamiento de que el peatón es un marginal entre los transeúntes; es decir, que no tiene derechos, sino que vive de la misericordia y caridad del conductor.
Es como Guillermo Nugent analizó hace más de 10 años, cuando dijo que nuestro país era de gamonales. Cada uno se cree dueño de su chacra y le importa poco los derechos de los demás, por el contrario, busca mostrar su poder ninguneando a los demás. Por la mayor vulnerabilidad y quizás falta de responsabilidad es que debemos ser mucho más cuidadosos con los peatones. Es por esa razón que al costado de los colegios ponen múltiples señales y rompemuelles para proteger a los niños. La impulsividad de ellos y ellas no debe ser excusa para la agresión motorista. A nadie se le ocurriría patear a un niño porque fue a recoger su pelota de fútbol, sin mirar cuidadosamente al cruzar.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.