Escucha la noticia

00:0000:00
Viejo Perú
Resumen de la noticia por IA
Viejo Perú

Viejo Perú

Resumen generado por Inteligencia Artificial
La IA puede cometer errores u omisiones. Recomendamos leer la información completa. ¿Encontraste un error? Repórtalo aquí
×
estrella

Accede a esta función exclusiva

Esta semana se cumplió un año desde que se robó, a vista de todo el mundo, las elecciones presidenciales en . Por cierto, yo soy de los que pensaba, en los meses previos al 28 de julio del 2024, que la oposición no debía participar en esos comicios por la sencilla razón de que no había garantías de que serían imparciales (como, de hecho, no lo fueron, pues el chavismo se encargó de vetar a prácticamente todos los opositores de renombre y volvió a echar mano de su conocido arsenal de bellaquerías que le ha permitido ganar varias elecciones en lo que va del siglo y que incluye, entre otras medidas, el uso descarado de los medios estatales para hacer proselitismo, la instrumentalización de las ayudas sociales para captar votos entre los más pobres y la persecución a la prensa independiente).

Pues bien, decía que yo era de los que creían que la oposición no debía prestarse al juego sucio del chavismo, pero, para la buena fortuna de la causa venezolana, me equivoqué. No en el desenlace, por supuesto (al final, la dictadura terminó imponiéndose), sino en el hecho de que, para conseguirlo, Maduro y sus asalariados en el organismo electoral tuvieron que retorcer con tanta fuerza los resultados que las costuras terminaron por quedar en evidencia. El resto de la historia la conocemos de sobra: un año después, el oficialismo sigue sin mostrar las actas que supuestamente certifican su triunfo, pese a que sus pocos aliados en la región (ya no son muchos, pero todavía son ruidosos) se lo pidieron. E incluso, en un acto que no creo que merece otro calificativo que el de sinvergüenza, ha celebrado dos elecciones este año –unas legislativas y unas municipales– que fueron cualquier cosa menos democráticas.

Todo este recuento de la situación política en Venezuela es necesario para comprender la magnitud de las declaraciones, esta semana, de Vicente Alanoca, precandidato presidencial por el, el partido fundado por que competirá en las elecciones del próximo año. Como todos saben, el ejercicio de calificar a Nicolás Maduro como “dictador” ha sido siempre un quebradero de cabeza para la señora Mendoza. No porque el término le genere resistencias (de hecho, lo suele usar con pasmosa facilidad contra aquellos mandatarios con los que no simpatiza), sino porque aceptar que ese es el mejor adjetivo para definir al actual inquilino del Palacio de Miraflores sería reconocer una verdad que para ella parece inadmisible: que los gobernantes de izquierda pueden ser tan tiránicos como los de derecha y que, en temas de miseras morales, el proyecto derechista de, por ejemplo, Rafael Trujillo Molina en la República Dominicana no tiene nada que envidiarle al de los sandinistas en Nicaragua.

Varios años después de verla contorneándose para evitar llamar “tirano” al tirano, esta vez ha sido su heredero político, el señor Alanoca, el que ha tropezado con la misma rama. Entrevistado por el periodista César Hildebrandt días atrás, el precandidato del Nuevo Perú fue incapaz de calificar a Venezuela y a Nicaragua como “dictaduras”. Mencionó, primero, que existían “actitudes dictatoriales” en sus gobernantes y, luego, que se trataba de países con “experiencias distintas”. Repreguntado por el entrevistador, Alanoca terminó por decir que, “antes de calificarlos, tendríamos que analizar[los]”. Y, consultado finalmente por la situación de Cuba, una isla que lleva casi 70 años bajo el dominio de un solo clan, Alanoca afirmó que había que llevar al país “a una democracia que sea más participativa”, solo para acabar enredándose en una inentendible comparación entre la oferta electoral cubana (de un solo partido) y las más de 40 organizaciones políticas que existen aquí. Los traspiés del candidato, por increíble que parezca, no quedaron allí, pues interpelado para que calificara lo que hizo Pedro Castillo el 7 de diciembre del 2022, Alanoca respondió: “ha sido un golpe... de Dina Boluarte, no de Castillo”.

Hay quienes consideran que la cuestión de si Venezuela es o no una dictadura es intrascendente. Que no tiene sentido perder el tiempo analizando lo que pasa en otros países si, a fin de cuentas, a quien vamos a elegir es al presidente del Perú, no al de Cuba ni al de Nicaragua. Discrepo. Creo que la pregunta no solo es relevante, sino necesaria, pues revela con bastante claridad si la persona que aspira a gobernarnos tiene raíces democráticas hondas o si, por el contrario, piensa que la democracia es un mero complemento que puede desecharse en favor de objetivos supuestamente mayúsculos; “pelotudeces”, como le llamó alguna vez otro precandidato de izquierda.

Las declaraciones de Alanoca, en fin, demuestran que en el discurso del Nuevo Perú hay poco de novedoso y que, en pleno 2025, con todo lo que el mundo ya sabe sobre Nicolás Maduro, con una farsa electoral puesta al descubierto y con casi dos mil venezolanos arrestados por salir a protestar contra aquel embuste, en el partido de Verónika Mendoza siguen siendo incapaces de ver lo que todos vemos.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Contenido Sugerido

Contenido GEC