Cuando estaba en quinto de primaria, mi profesora compartió una experiencia de voluntariado que marcó su vida universitaria. Ella fue testigo del esfuerzo de los niños por asistir a clases, caminando largas distancias para acceder a educación. Ese sacrificio la inspiró a dar lo mejor de sí misma en cada lección, consciente de que su enseñanza era realmente valorada. Al final, nos transmitió una reflexión que me hizo pensar: “Los que más aprendieron ese verano no fueron los niños, sino yo”.
Años después, elegí estudiar Ingeniería de Sistemas. Al ingresar a la universidad, pensaba que mi carrera, centrada en áreas técnicas, no me ofrecería una experiencia en docencia. Pero me equivoqué.
A principios del 2024, vi un anuncio de Huawei y la UNI, en el que se convocaba a estudiantes de carreras STEM para ser mentoras en Cajamarca, Cajabamba y Celendín. El objetivo era motivar a 480 estudiantes niñas de secundaria a considerar carreras STEM. Acepté el reto y junto a siete compañeras, durante una semana, visitamos ocho colegios y realizamos talleres sobre robótica, ciberseguridad y liderazgo.
Esta experiencia me permitió conocer el Perú desde una perspectiva vivencial, alejada del enfoque turístico. Recuerdo una clase que tuvimos que dar a oscuras, debido a la falta de electricidad en el aula. A pesar de esa dificultad, me invadió una gran satisfacción al ver el interés genuino de los estudiantes por aprender.
Hoy, agradezco a mi profesora de primaria por haberme inspirado a vivir una experiencia similar a la suya y por enseñarme el valor de compartir.
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