La sobrerregulación –o, como lo entendemos, el exceso de normas jurídicas en un área determinada– es un fenómeno de gran riesgo e impacto dentro de una economía por su naturaleza disuasiva.

Sin embargo, su utilidad podría ser la clave del desarrollo para múltiples industrias. Es una herramienta considerablemente eficiente, con una gran importancia en la aplicación de políticas verdes y medidas de sostenibilidad. Un ejemplo de esto lo vemos reflejado en el uso de los plásticos. El exceso de normas jurídicas sobre la producción y consumo de estos materiales disuade su crecimiento, afectando principalmente los costes del producto, lo que da como resultado un aumento del precio de venta.

Sin embargo, la sobrerregulación solo es el primer paso, puesto que es necesaria una desregulación para compensar el desbalance económico. Es decir, si se añaden políticas de disuasión respecto de la industria de productos producidos con plástico, al mismo tiempo se deben ejercer políticas de desregulación en la industria alternativa; por ejemplo, en lo que respecta al papel y materiales de sustitución producidos con base en plantas, materiales biodegradables, etc.

Si no se cumplen los dos pasos –es decir, si no se compensa el impacto–, se genera un perjuicio económico, pues el precio sube dado que el costo es mayor. O, aún peor, se reemplaza el producto con uno que empeora la situación que queremos revertir.

El uso correcto de esta herramienta puede ayudar a dinamizar ciertos mercados, contribuir con el desarrollo económico y promover la competencia y la innovación.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Álex Joaquín Zegarra Andía es Estudiante de Derecho Corporativo en la Universidad Esan

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