Omertà

Más que de oídos sordos, la política que cultiva la gobernante es de labios mudos.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

    Resumen

    Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

    La señora Boluarte ha vuelto esta semana a su ejercicio favorito: desdeñar a sus críticos con fórmulas que quieren ser ingeniosas. Si antes les atribuyó estar fabricando historias sobre Chucky y su novia, ahora los ha motejado de enfermos del hígado y trasnochados. Algún espíritu susceptible podría sentir que, solapadamente, lo han llamado toledista, pero los recursos retóricos de los libretistas de la gobernante no dan para tanto. Estamos apenas ante el ensayo de ciertas variaciones sobre el argumento dicharachero que le hicieron recitar algunas semanas atrás. “A palabras necias, oídos sordos”, proclamó la mandataria en aquella ocasión frente a la claque de siempre –porque este tipo de discursos ella los lanza invariablemente frente a un auditorio de personas que están recibiendo algún beneficio estatal– y luego se internó en sus acostumbradas disquisiciones acerca del ‘punche’ que supuestamente habita en la musculatura del Ejecutivo.

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