El candidato presidencial de País para Todos, Carlos Álvarez, está que se va y se va, y -al momento de escribir estas líneas – no se ha ido. A raíz de la tormenta política desatada en torno a la orientación de parte de los fondos públicos recibidos por su partido para solventar la franja electoral a cierto canal de televisión digital de sintonía opinable, el otrora humorista colocó el miércoles un video en las redes en el que emplazaba a la organización a la que pertenece a “sancionar y expulsar al o los responsables de esta afrenta con el dinero de todos los peruanos”. Y añadió: “si no caen los culpables, el que va a dar un paso al costado soy yo “. Un ultimátum del que difícilmente se puede retroceder. Álvarez, sin embargo, fue más allá y, al día siguiente, en otro video en el que se lo veía sentado en un automóvil estacionado frente a una casa, dijo que estaba por entrar a una reunión con el presidente de País para Todos, Vladimir Meza, y que tras esa conversación, tomaría su “decisión”. Obviamente, la de si ir adelante con su postulación o retirarla. Agregó, no obstante, que se reafirmaba en lo ya señalado. “Si no hay culpables, si no hay sanción, entonces yo doy un paso al costado”, anunció… Pero la conversación se produjo, las horas empezaron a pasar y, de la decisión, ni noticia. Por la noche, en el programa de Beto Ortiz, Álvarez contó que había recibido información del partido sobre el asunto y que “estaba evaluando” la situación. Finalmente, en un tercer video, apareció demandándole al Ministerio Público –y ya no a la dirigencia de su organización política– una investigación al respecto, dejando la clara sensación de que lo suyo, más que una renuncia, es una renuencia irrevocable a declinar sus aspiraciones presidenciales.
La circunstancia que ha precipitado esta crisis no es anecdótica. En realidad, son varios los partidos que han destinado parte importante de los fondos públicos recibidos para financiar su franja electoral al mismo canal digital. Entre ellos, Primero la Gente, que postula a Marisol Pérez Tello a la presidencia. Y excepción hecha de Álvarez, que cualquier día llega al 5% de la intención de voto, todos esos partidos llevan candidatos que habitan la napa freática de las encuestas. Cabe maliciar, en consecuencia, que tales candidatos han sido, a pesar de ellos mismos, una excusa para obtener los recursos públicos ya mencionados y proceder después a la pachanga. Lo ocurrido tendría que constituir, pues, un amargo despertar que los condujese a la renuncia.
Cuando hay narcisismos expuestos y afanes de poder, no obstante, las cosas no son tan sencillas. Hay que saludar, en ese sentido, la sinceridad de la señora Pérez Tello, que ha comunicado que ella no depondrá sus afanes de llegar a la presidencia ni aunque caiga el meteorito. Álvarez, en cambio, ha puesto en escena el conocido entremés “Agárrenme que me voy”, cuyo estreno vimos meses atrás, cuando declaró que sus relaciones con el partido que lo aloja “no eran las mejores” y que estaba considerando si continuar en carrera como ‘precandidato’ o no. Todos sabemos cómo acabó aquello. Y ahora, según una fuente interna de País para Todos citada por El Comercio, nos hemos enterado, adicionalmente, de que la finta aquí comentada habría sido ensayada por él otras siete veces en los últimos meses. Por eso, si para cuando esta pequeña columna vea la luz, el antiguo humorista ha cumplido con su promesa de renunciar a la postulación presidencial y todas sus pompas, habrá que saludar su coherencia. Y si no, habrá que reírse nomás de él, igual que antes.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.