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Lentejas y frejoles
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Lentejas y frejoles

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No es lo mismo ser exministra que exmenestra, pero en el caso de las dos condiciones se confunden. Como se recuerda, ella fue la titular de Promoción de la Mujer y Desarrollo Humano durante el gobierno de Valentín Paniagua y algunos años después, en el 2010, se convirtió en la alcaldesa de Lima, reclamándose heredera y continuadora de la gestión del “Tío Frejolito”, Alfonso Barrantes. Habida cuenta, sin embargo, de su lentitud para cumplir con las ofertas que había hecho en campaña, en esta pequeña columna la bautizamos más bien como la “Tía Lentejita”. Era aquella una crítica risueña, pero, sin saberlo, anunciaba otras tormentas.

Ilustración: Composición GEC
Ilustración: Composición GEC

La menestra en cuestión, efectivamente, pasó pronto a tener una connotación distinta, sobre todo en el espacio político de la izquierda, cuando en el 2015, apareció el audio en el que el entonces presidente del Frente de Defensa del Valle del Tambo y militante de Tierra y Libertad, Pepe Julio Gutiérrez, demandaba a sus interlocutores – unos presuntos representantes de la empresa Southern” – un millón y medio de “lentejas” para poner fin a las protestas contra el proyecto “Tía María”. El episodio, como se sabe, terminó en una condena por extorsión.

Se preguntará quizás alguien por qué, más allá de las coincidencias nominales, esas “lentejas” habrían de evocar a la señora Villarán. Muy sencillo: porque, en el 2013 y el 2014, mientras era alcaldesa de nuestra ciudad, ella recibió de Odebrecht y OAS “aportes” literalmente millonarios para determinados empeños políticos (la campaña contra su revocación y su intento de ser reelegida en el cargo), y acto seguido cerró con esas empresas tratos favorables para ellas en lo que se refiere a los proyectos Rutas de Lima y Línea Amarilla, respectivamente. Una circunstancia que para el Ministerio Público configuró el feo delito de colusión.

–Chuparse los dedos–

Lo que la Fiscalía sugiere, entonces, es que la “Tía Lentejita” participó de las, digamos, ‘feijoadas’ con sorpresa a las que las constructoras brasileñas convidaron a buena parte de la clase política peruana años atrás. Y, en honor a la verdad, elementos para sostener la tesis no le faltan … Aunque ella se niega a precisar cuánta plata le dieron, la acusación habla de US$ 11 millones y el juicio oral ya iniciado habrá de despejar cualquier duda al respecto. Pero, en cualquier caso, el camino para establecer una relación de causa - efecto entre los “aportes” y los arreglos contractuales está servido; máxime si la señora Villarán optó por mantener en secreto la recepción del dinero.

Cuando postuló por primera vez a la alcaldía, ella y sus festejantes trataron de vendernos la especie de que estábamos ante una política “distinta”: cercana, sin angurria por el poder y, sobre todo, honesta. La historia, no obstante, se encargó de desbaratar el engaño rápidamente. Una más típica integrante del gremio al que aludimos no podría ella ser. No solo consignó en su hoja de vida para ser candidata estudios de postgrado un tanto imaginativos, no solo se presentó a la reelección a pesar de haber dicho que no lo haría, sino que, además, ahora ha tratado de entonar la conocida llantina de “se me está juzgando por no haber hecho un gobierno a favor de los poderosos”. Vamos, si, como nos advirtió don Francisco de Quevedo, “poderoso caballero es don Dinero”, es clarísimo a favor de quién gobernó. Y si el juicio que hoy se le sigue amenaza con acabar en condena es por el atracón de frejoles y lentejas que en su momento tuvo a bien despacharse. No pretenda la señora tomarnos por ingenuos cuando aquí la única que se ha chupado los dedos – después de semejante banquete- es ella.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Mario Ghibellini es periodista

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