PesCo: la pescadería responsable que sobrevivió a la cuarentena gracias al uso de bicicleta
El negocio, que trabaja con pescadores artesanales duchos en técnicas de preservación de las especies, estaba por inaugurarse cuando empezó el confinamiento. Tres socios vieron una oportunidad al repartir la mercadería ya adquirida, ello vía Whatsapp y en dos ruedas. El plan de emergencia tuvo un éxito insospechado. Y ya abrieron el local.
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Pedro Miguel Schiaffino, Simone Pisu y Patrick Huggard Caine son las cabezas detrás de PesCo. (Foto: Elías Alfageme)
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Resumen
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Pedro Miguel Schiaffino, Simone Pisu y Patrick Huggard Caine son las cabezas detrás de PesCo. (Foto: Elías Alfageme)
Todo estaba listo para que el 16 de marzo empezara la marcha blanca de un negocio que había estado planeándose por un año. Pero ese mismo día comenzó la cuarentena. Las ilusiones de los socios Patrick Huggard Caine, Simone Pisu y Pedro Miguel Schiaffino por abrir PesCo, la primera pescadería responsable de Lima, se transformaron en preocupación. Su idea era vender el producto provisto por 18 caletas de pescadores artesanales duchos en técnicas de preservación y cuidados de las especies, pero la pandemia lo paró todo. O casi. Pese a la medida, el trío decidió recibir aquel 16 el primer lote de pescado fresco, filetearlo y congelarlo. Y a los diez días se les ocurrió algo. Patrick envió un mensaje de WhatsApp a los vecinos de su edificio contándoles que tenía lenguado, chita, conchas, langostinos y más. Tan bien les comenzó a ir que tuvieron que pedir prestada una bicicleta para que uno de ellos, Patrick, los repartiera.
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“Teníamos que hacer algo, así que yo mismo me puse a hacer delivery. Se trataba de un negocio en el que nos habíamos esforzado muchísimo porque los tres tenemos otros trabajos paralelos. Simone es el que sabe comprar el pescado. Tiene los contactos y mucha experiencia en desarrollar planes de negocio para la pesca artesanal desde su propia consultora. Pedro Miguel, como se sabe, es chef de Amaz y Malabar. Y yo soy economista, pero he trabajado muchísimo tiempo en marketing, relaciones públicas, comunicaciones y temas de desarrollo. Cuando escuchamos el mensaje a la nación del presidente anunciando la cuarentena, no voy a mentir, nos pusimos pesimistas. Era imposible no pensar en la forma de pagar el alquiler, los sueldos y la deuda que se hizo para echar a andar el proyecto”, explica Huggard Caine. “De hecho, la idea inicial era tener en la tienda una vitrina de pesca fresca proveniente de 18 caletas de pescadores artesanales a lo largo de toda la costa. También iba a contar con una barra y un par de mesas para degustar algunas preparaciones sencillas. El delivery iba a ser un canal adicional, pero con todo esto tuvo que convertirse en el único por meses”, agrega.
Patrick Huggard Caine repartió en bicicleta cientos de kilos de pescado durante para salvar el negocio. (Foto: Elías Alfageme).
/ SOMOS > ELIAS ALFAGEME
El plan tuvo éxito. Los pedidos solo en el edificio de Patrick y de unos cuantos amigos de los socios superaban los 30 kilos por día. Con un volumen como ese y ante la imposibilidad de manejar un carro, Patrick se prestó la bicicleta de un vecino, una mochila enorme y se echó a montar. “El camino era de poco más de 4 kilómetros de ida, y otros tantos de vuelta. Sin embargo, el calor y los 30 kilos de mercadería que llevaba a cuestas no hicieron nada fácil la tarea. El retorno era en subida y había que pedalear con las bolsas colgando de timón llenas de pedidos y encima una mochila a cuestas igual de repleta. Pero esa bicicleta blanca y verde del vecino del piso 10 era la única alternativa para cumplir con la promesa de entrega de los pedidos y con el sueño de dar vida a PesCo”, relata el comunicador. Los pedidos se armaban en la mesa de comedor de Simone.
El experimento había terminado, cuenta Patrick. Y funcionaba. Solo había que cambiar el modelo. A los pocos días comenzaron a tener 10 pedidos al día, 20, 25, 30. Tuvieron que cambiar la bicicleta por un pequeño camión alquilado que se llevaba buena parte de la ganancia. Llegó Semana Santa y recibieron cerca de 200 solicitudes. “La operación colapsó. Avisamos y pedimos las disculpas del caso. Los errores fueron inevitables. Hubo que suspender las operaciones hasta después de los feriados”, recuerda Patrick.
No obstante, con el tiempo fueron afinando detalles y PesCo creció en número de clientes. Ampliaron la línea de productos e iniciaron las coordinaciones para abrir la tienda y recibir público en el local hasta que lo consiguieron. Hoy ya atienden sin dejar de realizar el delivery. “Mientras todo esto ocurría fuimos en algunos casos la única opción para que aquellos pescadores tuvieran ingresos durante la cuarentena. Los primeros dos meses compramos más de 350 mil soles directamente a ellos. Hoy recibimos suministro de mercadería cada dos días. Los volúmenes son de varias toneladas al mes y tenemos una línea de productos procesados, conservas, deshidratados y pre cocidos”, finaliza Patrick.
La tienda de Pesco queda en Avenida La Mar 552, Miraflores. (Foto: Elías Alfageme).
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Ya se proyectan a abrir una segunda tienda y están en conversaciones con supermercados para colocar sus productos. Sin duda, una historia de resiliencia y perseverancia por donde se le mire. //