En 1880, casi ochenta años antes de que Charlton Heston encarnase al recio Ben-Hur y ganara la célebre carrera de cuadrigas, ya el militar y escritor norteamericano Lewis Wallace había imaginado, escrito y publicado la historia de ese príncipe judío, coetáneo de Jesús, que debe luchar para recuperar su libertad y salvar su vida. El libro de Wallace –titulado “Ben-Hur, una historia de Cristo”– llegó a superar en ventas al best seller del momento, “La cabaña del tío Tom” y durante al menos tres décadas fue la novela más leída y traducida de Estados Unidos (hasta que apareció “Lo que el viento se llevó”, de Margaret Mitchell). La historia de Ben-Hur ha tenido cuatro adaptaciones, la más famosa es la dirigida por William Wyler en 1959, con Heston en el protagónico. La Academia la premió con once estatuillas.
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La primera vez que vi “Marcelino, pan y vino” fue en el colegio. Difícil no emocionarse entonces con la historia del niño que vive en un convento de frailes franciscanos y se comunica con Dios. Canal 5 la emitía infaltablemente cada Semana Santa. Todos asumíamos que se trataba de una película religiosa española de gran éxito comercial. Nadie nos dijo nunca que la cinta se basa en una novela homónima de José María Sánchez Silva, publicada en 1953, un año antes de la película. El libro ganó el premio Andersen y por largo tiempo fue el título más traducido de España del siglo veinte. En dos futuros relatos, Sánchez Silva volvió a utilizar al personaje de Marcelino, pero esas aventuras no alcanzaron el encanto de la primera.
También “El manto sagrado”, dirigida por Henry Koster en 1953, fue primero novela. La escribió en 1942 el norteamericano Lloyd C. Douglas, interesado en contar la probable historia y trayectoria de la túnica que los soldados romanos arrebataron a Jesús antes de crucificarlo. Con el título original de “The Robe” llegó a vender más de dos millones de ejemplares. La película ganó dos Óscar, un Globo de Oro y se convirtió en un clásico instantáneo. Douglas, por cierto, no llegó a ver su historia plasmada en la pantalla grande. Murió dos años antes del estreno.
En 1950, un año antes de ganar el Nobel de Literatura, el sueco Pär Lagerkvist publicó una novela sobre Barrabás. El libro, titulado igual que el personaje bíblico, explora los deseos de reivindicación del exconvicto, quien vive atormentado por la culpa de haber sido liberado en vez de Jesucristo. Tres años después de la aparición del libro, el realizador Alf Sjöberg, compatriota de Lagerkvist, llevó la obra al cine, pero recién en 1962 Barrabás se convertiría en ‘boom’ cinematográfico de la mano de Richard Fleischer (“Tora! Tora! Tora!”) y de un elenco en el que sobresalen Anthony Quinn, Silvana Mangano, Ernest Borgnine y Vittorio Gassman.
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“Quo Vadis?”, la película de Mervyn LeRoy de 1951, fue originalmente una novela. La escribió el polaco Henryk Sienkiewicz y se publicó por entregas en un periódico de Varsovia entre 1895 y 1896. La historia, ambientada en la época del emperador Nerón, se inicia con el contrariado romance entre un romano y una cristiana. En la película, el genial Peter Ustinov compone un Nerón inmejorable. La escena en que toca el arpa mientras Roma se incendia es de antología.
Otras dos películas de este tipo basadas en novelas son: “Espartaco” (dirigida por Kubrick en 1960, escrita nueve años antes por Howard Fast) y “La historia más grande jamás contada” (llevada al cine en 1965 por George Stevens, escrita al menos una década atrás por el periodista norteamericano Charles Fulton Oursler).
Si ya están cansados de haber visto estos títulos en la pantalla, quizá alguno se anime a leer las novelas por primera vez. //