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Valentín Paniagua, un peruano de los grandes

<strong>Han pasado ya diez años desde que un hombre decente e íntegro tomara las riendas de un país devastado por la corrupción y el saqueo. Esa persona fue Valentín Paniagua Corazao (1936-2006), el político cusqueño, quien con una visión inteligente de apertura al diálogo logró consolidarse como un abanderado de la democracia.</strong> <img alt="paniagua2menacho.JPG" src="http://blogs.elcomercio.pe/huellasdigitales/paniagua2menacho.JPG" width="480" height="440" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/>

Han pasado ya diez años desde que un hombre decente e íntegro tomara las riendas de un país devastado por la corrupción y el saqueo. Esa persona fue Valentín Paniagua Corazao (1936-2006), el político cusqueño, quien con una visión inteligente de apertura al diálogo logró consolidarse como un abanderado de la democracia.

paniagua2menacho.JPGEl año 2000 representó un período sui generis en la historia de la política peruana. Fuimos testigos de la postulación a la presidencia de la República de Alberto Fujimori por tercera vez consecutiva, pisoteando lo estipulado en la Constitución y bajo la mirada desaprobatoria de los organismos internacionales.

Contra todo pronóstico Fujimori ganó en la contienda en cuya segunda vuelta fue el único candidato. Más adelante, se develó una red de corrupción mediatizada y sin precedentes al ser expuesto el video Kouri-Montesinos (14 de setiembre del 2000).

Fujimori convocó a nuevos comicios sin su participación y desactivó el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), inhabilitando parcialmente a Vladimiro Montesinos, quien poco después fugó del país.

CONGRESO.JPGAlgarabia general en el Congreso luego de la elección de Paniagua como su presidente.(16/11/2000)

Luego, el entonces presidente viajó a Brunéi, en el sudeste asiático, con motivo de celebrarse la cumbre de APEC. Días después se desplazó a Japón, expidiendo vía fax una carta de dimisión, en la que alegaba que su retiro contribuiría a “abrir paso a una etapa de definitiva distensión política que permita una transición ordenada y, algo no menos importante, preservar la solidez de nuestra economía” (19 de noviembre del 2000).

Así, sin más, el Perú se quedó en el aire. Solo un oportuno consenso en el Parlamento permitió que el país recobrara la estabilidad dando paso a la figura intachable de Valentín Paniagua, quien fue elegido, primero, presidente del Congreso.

Camino a la presidencia de la República

Este valiente peruano había empezado su carrera política con tan solo 27 años, cuando fue elegido diputado cusqueño por la alianza electoral Acción Popular-Democracia Cristiana. En 1965, se convertiría en ministro de Justicia y Culto, durante el primer gobierno de Fernando Belaunde. Esta misma situación se repetiría casi 20 años después en el sector Educación.

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El dos veces presidente Fernando Belaunde Terry condecora a un joven Paniagua quien en ese entonces era ministro de Justicia y Culto del primer gobierno de la lampa.(Década de 1960)

Reconocido por su talante moderado, en 1968 Valentín Paniagua tomó una decisión personal que definió públicamente su carácter democrático: se retiró de la Democracia Cristiana al desaprobar el apoyo de esa agrupación política al golpe militar de Juan Velasco Alvarado. Se convirtió así en un miembro emblemático del “partido de la lampa”.

El año 2000, con casi 15 mil votos obtenidos, el congresista Paniagua no imaginó que cuatro meses después sería elegido presidente del Parlamento, y luego del Perú.

Durante los pocos días que presidió el Congreso de la República -del 16 al 21 de noviembre-, con un solo acto devolvió la esperanza al país al restituir en sus labores a tres víctimas del régimen dictatorial: los magistrados Delia Revoredo de Mur, Manuel Aguirre Roca y Guillermo Rey Terry, miembros del Tribunal Constitucional, quienes fueron defenestrados de sus cargos el 28 de mayo de 1997 por declarar inconstitucional la tercera postulación de Fujimori a la presidencia.

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“Nace hoy un nuevo tiempo”. Frase con la que inició su primer discurso como presidente del Perú.(22/11/2000)

El 22 de noviembre de 2000 se llevó a cabo la ceremonia de juramentación y se le hizo entrega de la banda presidencial de manos de la ex congresista oficialista Luz Salgado. Se había convertido en el Presidente número 47 del Perú.

Periodo corto, pero muy productivo

Durante su gobierno Paniagua se encargó de restituirle al país la credibilidad internacional perdida. Liberó a presos políticos como el líder izquierdista Yehude Simon.

Retomó el nexo con la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y creó la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) para la investigación de crímenes durante la época del terrorismo.

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El Presidente del Consejo de Ministros Javier Pérez de Cuéllar, y los ministros Susana Villarán, Walter Ledesma, Antonio Ketín Vidal, Javier Silva Ruete, Marcial Rubio, Juan Inchaústegui, Carlos Amat, Emilio Navarro, Diego García Sayán, entre otros.

Reconstituyó a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional. Devolvió a los municipios las atribuciones que les fueron arrebatadas, y sentó las bases en el Parlamento para la reforma de la Constitución.

En abril de 2001, realizó un proceso electoral libre y transparente en el cual resultó electo el ex presidente Alejandro Toledo (2001-2006). Con la figura de Antonio Ketín Vidal en la cartera del Interior, logró la captura de Vladimiro Montesinos Torres, el 23 de junio de 2001.

“Declaro haber cumplido y hecho cumplir la Constitución y la ley y que me he esforzado en todos los instantes de mi gestión por ser digno del encargo de presidente del Congreso, primero; y de presidente de la República, después”, fueron las palabras de Valentín Paniagua el 28 de julio de 2001, último día de su gobierno.

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“Me voy con muchísima alegría y optimismo, porque creo que culmina una etapa en la vida política del país, que se abre una nueva época, un nuevo tiempo (…)”, expresó, sereno, Valentín Paniagua el último día de su mandato.
(28/07/2001)

¿Cuántos presidentes podrían afirmar honesta y concienzudamente lo mismo? Por abrirle al Perú una senda de luz y esperanza le estaremos siempre agradecidos.

(Tabatha Grajeda Heredia)
Fotos: Archivo El Comercio

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