De resacas y lectores

Antes que nada, debo disculparme por haber descuidado el blog tanto tiempo. Algunos trámites y papeleos típicos de aquel que acaba de terminar la universidad y quiere sacar su constancia de egresado impideron que me ocupara de forma responsable del blog durante esta semana, no solamente en el posteo de textos sino también en el posteo de los comentarios. Lo último me parece lo más grave y prometo que no volverá a ocurrir.
Justamente este texto tiene que ver con dos lectores que preguntaban sobre dos cintas que están actualmente en cartelera: “¿Qué pasó ayer?” y “Una pasión secreta”. Ambas son filmes interesantes (el primero más logrado que el segundo, creo yo) y que marcan dos vertientes del cine norteamericano de hoy: por un lado, la comedia, que ha tenido un resurgimiento importante en el país del norte; y, por el otro, la película dramática, importante, con temas históricos y actuaciones que requieren transofromaciones físicas, de esas que buscan el premio de la academia. ¿Por qué vale la pena acercarse a “¿Qué pasó ayer?”, una de las mejores comedias que ha dado Hollywood recientemente? Porque lo que hace Todd Phillips no es nada fácil: es tratar justamente de encontrar el humor en las situaciones más incómodas, es ir construyendo toda una pesquisa a partir de la cual los personajes van descubriendo qué es lo que hicieron la noche de juerga anterior.
Hace tiempo que lo mejor que produce el cine norteamericano se encuentra en las comedias: ya sean los trabajos de Adam Sandler (que después de la muy buena “Como si fuera la primera vez” decayó bastante, aunque pareció volver con “No te metas con Zohan”) como los de Judd Apatow (“Virgen a los 40 años” y “Ligeramente embarazada”), sin olvidar la notable “Supercool”. Se ve que existe toda una onda de buenas comedias que se basan en un humor absurdo, exagerado, de situaciones muchas veces extremas (quizá no sea tanto el caso de Apatow, que suele trabajar a partir de propuestas más dramáticas pero vistas de forma cómica). “¿Qué pasó ayer?” viene a sumarse a esta lista.
Lo interesante de la película es cómo consigue trabajar las situaciones más absurdas dentro de una aparente normalidad. La puesta en escena nunca resalta el aspecto cómico de cada una de las situaciones o los personajes, sino que deja que estas aparezcan como un hecho más dentro de la realidad del filme, lo que permite que la sorpresa sea lo que vaya generando el humor.
“¿Qué pasó ayer?” convierten a la sorpresa y a lo absurdo en la regla, en la forma de vida de los protagonistas: las apariciones de la gallina, o del tigre, o del chino en el maletero, son momentos muy logrados en tanto Phillips hace que esos hechos sorprendentes aparezcan de forma totalmente natural. Es esa naturalidad de lo absurdo lo que hace que el filme sea bastante satisfactorio.
“Una pasión secreta”, por otro lado, es un filme irregular pero interesante, con algunos momentos buenos que se dan sobre todo en su primera parte. Stephen Daldry consigue dotar de una intensidad casi trágica al romance entre Hanna y el joven Michael, una intensidad que se va basando en el juego de seducción que van planteando los personajes en ambientes opacos y cotidianos.
Es interesante cómo Daldry va encontrando, en esa primera parte, sensualidad en ambientes más bien fríos y opacos: no solo los espacios en los cuales se mueven los personajes son así, sino que la vida familiar y laboral de ambos es dura y opresiva. Daldry maneja muy bien esa dureza de los escenarios y las situaciones y lo va contraponiendo al juego de seducción y de carnalidad entre los protagonistas: la puesta en escena va creando un ambiente íntimo cuando los personajes se encuentran, para después mostrarnos los otros ambientes mucho más rígidos en los cuales se mueven. Esto nos va marcando la pauta de que la relación entre los personajes no se va a poder mantener, lo que le otorga al filme una melancolía muy marcada, basada justamente en el saber que la relación no se va a sostener.
El filme, sin embargo, pierde fuerza en toda la etapa del juicio: ahí Daldry comienza a acumular datos que van haciendo que el ambiente creado hasta ese momento se vaya diluyendo en una narración más convencional. Eso debilita un poco el resultado final, que no deja de tener cierto interés.
También podríamos hablar de “Lecciones de amor”, la última película de Isabel Coixet (“La vida secreta de las palabras”, “Mi vida sin mí”), que cuenta con una gran actuación de Ben Kingsley pero que aparece muy tópica y verbosa, como si la directora fuera incapaz de transmitir algún sentimiento que no fuera a través de la palabra, de que los personajes nos narren que sienten. ¿Qué creen ustedes?

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