"Avatar": intensidad en 3D
La vuelta de James Cameron no deja de sorprender. Es que quizá por primera vez un director ha tenido la capacidad de usar las posibilidades de la tercera dimensión y de las nuevas tecnologías para generar un espectáculo bastante impresionante. “Avatar” es una película lograda porque, más allá de lo tecnológico, saca lo mejor del cine de Cameron: su capacidad para narrar y para meternos en mundos distintos y extraños.
“Avatar” es una historia de aprendizaje: el teniente Jake Sully debe aprender a convivir con los Na´vi, la raza que habita el planeta Pandora, donde ha llegado como parte de un proyecto terrícola para sacar minerales del subsuelo. Pero no solo es convivir: Para ingresar a la comunidad, le crean un avatar: Una réplica exacta de un na´vi que él debe manejar a través de la mente. Lo mejor de la película se da justamente cuando vivimos el aprendizaje. Se ha dicho que la cinta tiene mucho de western, lo que es bastante cierto: se trata no solo de una adaptación geográfica, sino también cultural la que experimenta el personaje, lo que lo hace entender mucho mejor a los na´vi. Esa transformación es planteada por Cameron de la forma más vertiginosa posible: debe pasar varias pruebas para las cuales el director pone un especial énfasis en la acción. Las secuencias largas que van mostrando el desenvolvimiento físico del personaje en un mundo extraño y distinto son las que van marcando la pauta de la aventura, y por lo tanto del ritmo del filme.
Lo que mejor sabe hacer James Cameron es justamente manejar esa pulsión por el descubrimiento, por lo nuevo, y por la aventura que esto implica. La creación de los escenarios y los espacios de Pandora permiten que justamente uno sienta la misma tensión que siente el personaje al descubrir este mundo. Cameron crea un espectáculo que permite que uno viva, a partir de los espacios y de los escenarios especialmente creados digitalmente, esa sensación de intensidad tan característica a todo su cine.
Y si hay algo que potencia todo ese mundo que el director crea, eso es la tercera dimensión. “Avatar” debe ser la película más pensada para ser vista en ese sistema. Cameron aprovecha las profundidades de campo, las distancias entre los personajes, las diferencias de tamaño entre los protagonistas y lo que los rodea para armar todo un espectáculo. El mérito del director está en que usa elementos muy cinematográficos como los ya mencionados (profundidades de campo, distancias) y los va potenciando a partir del relieve que ofrece la tercera dimensión. Todo un universo creado y pensado en base a ofrecer todo un show basado en la aventura no debe ser fácil de conseguir.
Se podrá decir que el rollo ambientalista es bastante evidente y que los momentos de los rituales resultan un tanto cansadores y hasta kitsch, pero eso no quita para nada la capacidad de Cameron como gran narrador de historias que requieren una especial pulsión por al aventura. Y esa intensidad, en “Avatar”, está presente.
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