Hay que salvar al Rímac
Esta semana tuve la oportunidad de conversar con Jorge Luis Baca, un abogado que –según sus propias palabras- hace todo lo posible desde que terminó de estudiar para no ejercer su carrera. Por eso es que se dedica a temas relacionados con el arte. El trabaja con una comunidad de Pucallpa que fue reubicada en Lima, frente al río Rímac, en la zona de Cantagallo. Más allá de la ironía (pues los comuneros hayan sido trasladados de la ribera de un río en la selva a otro en la costa), se cuestionó sobre el mal estado en que se encontraba el Rímac. Hace un año y medio empezó a pensar el proyecto que terminó con éxito la semana pasada: recorrer los 145 kilómetros del río Rímac, desde su inicio a la desembocadura, y hacer un registro artístico (con fotos, dibujos, video y crónicas) de cómo la mano del hombre está terminando con la única fuente de agua de la capital. Hoy hemos publicado una nota sobre este tema. Si quieres saber más de esta historia, ver un video y conocer el blog en donde cuentan toda la travesía, sigue leyendo.
Fueron 21 días de caminata. Lo primero fue identificar el origen exacto del río. Ellos lo identificaron en la quebrada Antaccassa (en Junín). Desde allí empezaron a caminar. Inclemencias del tiempo, perros agresivos, plantas venenosas y demás acompañaron su camino.

Su primera sorpresa fue ver cómo el río se contaminaba fuertemente por primera vez, cuando su cauce se desviaba al interior de las diversas minas que están ubicadas cerca de él. El río reaparecía luego, pero con un color verdoso y un olor más que nauseabundo. Sin embargo, los diversos afluentes que recibía más adelanta “limpiaban” en algo las aguas y, pese a estar contaminada, volvía a ser transparente.
Los problemas empiezan cuando el río pasa por las zonas urbanas. En el distrito de Ricardo Palma (Huarochirí) los pobladores usan el Rímac como basurero. “No pasa el camión”, cuenta Jorge Luis que fue la respuesta constante. Pocos metros más abajo, en esas mismas aguas sucias, mujeres lavan su ropa y los niños se bañan sin preocupaciones.

Como muchos ya saben, en el tramo correspondiente a Lima Metropolitana la cosa es más grave aún. Desde El Cuadro, Jorge Luis Baca, Alejandro Jaime y Guillermo Palacios contaron con el apoyo del personal de la empresa Prosegur, para cuidarlos de cualquier peligro en su camino por la ribera. Según Jorge Luis, a partir de la Atarjea cambia todo. “Allí toman al río para derivar el agua hacia nuestras casas. Después de la Atarjea, solo queda un riachuelo. Ese pobre riachuelo es luego atacado por los diversos desagües que recibe de El Agustino y otros distritos. Entonces ya no es río, es solo un gran desagüe”, afirma.
La seguridad los resguardó hasta Carmen de la Legua. Desde allí recibieron el apoyo de miembros del Serenazgo del Callao. Y así, entre escenarios lamentables y olores insoportables, llegaron un lugar que muy pocos conocen: la desembocadura del río al océano Pacífico. Esta se encuentra en la Base Naval del Callao. Lamentablemente, ni por encontrarse en los predios de esta institución la situación mejora, pues el mal estado continúa hasta que el río ingresa al mar.

La crónica completa, las fotos y dibujos del viaje los pueden consultar en el blog del Proyecto Rímac.
Todo lo recopilado durante el viaje formará parte de una muestra que se realizará el 2 de octubre, en el Centro Cultural de España. En esa muestra además participarán otros artistas y profesionales de diferentes disciplinas para mostrar trabajos relacionados con este proyecto.
Jorge Luis y los demás chicos esperan que luego se pueda hacer una publicación de presentación excelente para hacérsela llegar a los mandatarios que vendrán en noviembre para la reunión del foro del APEC y que así se puedan tomar medidas para cambiarle la cara a nuestra única fuente de agua.
Hace unas semanas, antes de empezar el viaje, Jorge Luis fue entrevistado en La Habitación de Henry Spencer.
Bruno Ortiz B.

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