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Invertir entre la razón y la emoción
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Invertir entre la razón y la emoción

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En un mundo donde los datos financieros están disponibles al instante y los modelos cuantitativos son cada vez más sofisticados, podría pensarse que las decisiones de inversión se toman racionalmente. Sin embargo, la realidad es distinta: los seres humanos no somos máquinas lógicas. Las emociones y los sesgos cognitivos influyen profundamente en nuestras decisiones.

Tomemos el caso de la “aversión a la pérdida”: el dolor de perder es aproximadamente el doble de intenso que la satisfacción de ganar. Este sesgo explica por qué muchos se aferran a inversiones en pérdida, esperando que “algún día se recuperen”, aun cuando los fundamentos ya no lo justifican, dejando pasar inversiones con mejor rentabilidad esperada. En su libro Thinking, Fast and Slow, el Nobel Daniel Kahneman afirma que este rasgo humano explica varios comportamientos de los inversionistas que parecen irracionales.

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Maro Villalobos

Otro sesgo es el ‘recency bias’, que lleva a sobrevalorar los eventos recientes. Si el mercado ha subido varias semanas, muchos asumen que seguirá subiendo. Si cae bruscamente, algunos venden por pánico. Esta tendencia a extrapolar el corto plazo genera ciclos de euforia y miedo, que llevan a comprar caro y vender barato. Sin embargo, muchos estudios demuestran que los inversionistas exitosos siguen la estrategia “contrarian”, es decir compran a la baja y venden al alza.

Adicionalmente, el ‘framing’ o encuadre mental puede marcar una diferencia en la perspectiva de quien analiza alternativas: no es lo mismo decir que un fondo tiene un 20% de posibilidad de pérdida, que decir que tiene un 80% de probabilidad de éxito, aunque sea el mismo producto. Kahneman y su colega Tversky hicieron un estudio: A un grupo de pacientes se les presentó un tratamiento que tenía un 90% de probabilidad de éxito y a otro grupo se les presentó el mismo tratamiento indicando que tenía un 10% de probabilidad de fracaso. No sorprende que el primer grupo tuvo una mayor disposición a aceptar el tratamiento.

Al final, invertir bien no es solo entender los mercados; es entender cómo pensamos, sentimos y decidimos frente al dinero. Morgan Housel en su libro La psicología del dinero: “Para utilizar bien el dinero no se trata tanto de lo que sabes, sino de cómo te comportas”. Esta frase resume por qué la asesoría financiera debe ir más allá de las cifras: se trata de acompañar decisiones humanas en contextos emocionales. Por eso, la economía del comportamiento—o ‘behavioral economics’— no es una moda, sino una herramienta clave para una asesoría realmente efectiva y que está ganando más espacio en el mundo de inversiones.

Patricia Martínez Head de Banca Privada de Scotiabank Perú.

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