Alberto Fujimori no fue el ideólogo ni el principal entusiasta de las reformas económicas de inicios de los noventa. Sin embargo, tuvo dos atributos clave. El primero es que supo rodearse de un equipo de profesionales competentes con una visión clara respecto de lo que se tenía que hacer. A este equipo le dio confianza y espacio para trabajar. Y el segundo, quizá aún más importante, tuvo la valentía para tomar las decisiones difíciles que este equipo le recomendaba.