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A principio de septiembre culminamos la primera etapa del Premio a las , en la cual se han certificado 231 buenas prácticas. Este año el equipo técnico ha invertido en conjunto más de 600 horas voluntarias de lectura y debate para evaluar las postulaciones y otorgar la certificación a aquellas experiencias que lograron demostrar resultados, potencial de replicabilidad, pero sobre todo un impacto positivo en las personas.

El equipo técnico está integrado por 57 profesionales de distintas disciplinas, el 49% son mujeres y el 20% son millennials. Participan en un espacio plural e intergeneracional, en donde existe un gran espíritu de colaboración, diálogo y propuesta, considerando sus distintas trayectorias - para algunos, totalmente dentro de la administración pública, y para otros, únicamente en el sector empresarial o académico – y a pesar de sus marcadas diferencias en las visiones de desarrollo o posturas políticas.

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Maro Villalobos

A este grupo de voluntarios les hicimos la pregunta “¿Qué es lo primero que debe hacer un servidor público para mejorar la prestación de bienes y servicios públicos?” Las 57 respuestas tienen visibles vasos comunicantes y puntos de encuentro. Aquí resumo las diez principales ideas compartidas, agrupadas en tres conceptos.

En primer lugar, no es el servidor público quien define la mejora. Es el “otro”: la madre gestante, el adulto mayor, la empresaria, el estudiante, etc. Para ello se requiere (i) un enfoque en el ciudadano, que coloca a la ciudadanía en el centro de la gestión pública, entendiendo sus necesidades y expectativas para mejorar su calidad de vida. Ello debe ir acompañado de (ii) una escucha activa y empatía hacia sus dificultades; y (iii) una mirada inclusiva, que facilite el acceso a bienes y servicios públicos a todas las personas, promoviendo la diversidad y la equidad, y el bienestar de la sociedad en su conjunto.

Como siguiente paso, y antes de proyectar cualquier solución, el servidor público debe recordar cuáles son los pilares de la función pública, que incluyen (iv) un compromiso por la transparencia y la ética: actuar con integridad y responsabilidad es clave para generar confianza y asegurar una gestión pública justa; así como (v) vocación de servicio, es decir, una actitud de servicio genuina, tener presente siempre el bienestar común. Además, teniendo lo anterior como combustible, debe tener por motor la (vi) mejora continua, que implica cuestionar procesos, salir de la zona de confort y estar abiertos al cambio, desafiar rutinas y proponer nuevas formas innovadoras de crear valor público. Y, (vii) tener la valentía para hacerse cargo de su propio liderazgo, que implica inspirar a otros para la acción siendo ejemplo.

Finalmente, es allí donde empieza el diseño e implementación de la mejora, en donde se requiere sumar con otros, dentro y fuera de la organización, que fomente (viii) una gestión eficiente que administra adecuadamente los recursos públicos, que simplifique procesos y apunte hacia resultados concretos y medibles; (ix) una planificación y evaluación de resultados que permita retroalimentar procesos para asegurar la sostenibilidad de los servicios; y (x) un trabajo colaborativo con otros sectores y de la mano con la ciudadanía.

Seguir esta ruta no es fácil, pero hoy tenemos 231 buenas prácticas que nos indican que sí es posible.

Caroline Gibu Directora ejecutiva CAD Ciudadanos al Día.

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