Por Enrique Planas

En la historia, existen acontecimientos imborrables que la memoria preserva y la razón evalúa. Sacrificios que adquieren un significado perdurable, actos convertidos en puntos de referencia de una ciudad. Tal es el caso del sacrificio del director de El Comercio, Antonio Miró Quesada, y de su esposa, María Laos, asesinados la tarde del 15 de mayo de 1935. Noventa años han transcurrido desde aquellos disparos por la espalda frente a la Plaza San Martín, a pocos metros del Club Nacional, lugar al que la pareja se dirigía tras salir del Hotel Bolívar.