Por Alonso Cueto

Desde que recuerdo, El Comercio ha sido una parte de nuestra casa y de nuestro hogar. Llegaba a la mesa de la sala o del comedor, a los sillones o al dormitorio, como un elemento natural. Allí estaban las letras curvas y elegantes de siempre y también las noticias de ayer y del momento. Era una parte de la vida cotidiana, un observatorio y una opinión sobre el Perú y el resto del mundo. Lo sigue siendo. Es una de las pocas instituciones peruanas que se ha mantenido. Allí están las opiniones, las fotografías, los cuadros y diseños informativos, la mezcla de información y análisis, la revista Somos y el Dominical, los suplementos de economía de los lunes. La fijeza del papel nos permite detenernos en todo aquello mientras podemos releer algunos de los artículos e informes.

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