“Totem”, mosaico de grandes dimensiones . Un trabajo como este puede  tomar según  su autor, Harry Chavez (en la foto), hasta cinco meses de trabajo. (Imagen de Alessandro Currarino/El Comercio)
“Totem”, mosaico de grandes dimensiones . Un trabajo como este puede tomar según su autor, Harry Chavez (en la foto), hasta cinco meses de trabajo. (Imagen de Alessandro Currarino/El Comercio)
Por Diana Mery Quiroz Galvan

Para Harry Chávez el Perú es un todo integrado. El artista plástico recuerda que María Rostworowski decía que somos un país andino que tiene a un lado la costa y al otro la selva y que estas regiones eran alas de un mismo cuerpo. En su arte, donde confluyen principalmente iconografías andinas y amazónicas, los imaginarios y cosmovisiones de ambos mundos también se integran como parte de su experiencia personal y de una investigación iniciado hace más de 10 años. Este proceso dio origen a una serie de obras protagonizadas por seres míticos, creadas inicialmente como diseños digitales y que posteriormente cobraron vida gracias al paciente y meticuloso trabajo de Chávez con cuentas de acrílico, madera y murano. El resultado es tan sorprendente como perturbador. Las miles de pequeñas piezas –negras, transparentes o de colores– han sido colocadas de tal manera que aportan tridimensionalidad a los trabajos y para el espectador resulta inevitable sentir cómo docenas de ojos, de felinos o serpientes, lo persiguen como depredadores a sus presas.