Resumen

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Los habitantes de la comunidad de Wayku fueron retratados por la cámara de los fotógrafos. (Foto: Sonia Cunliffe)
Los habitantes de la comunidad de Wayku fueron retratados por la cámara de los fotógrafos. (Foto: Sonia Cunliffe)
Por Czar Gutiérrez

Mientras un grupo de escaladores se desplazan lentamente por la cara más visible de uno de los edificios más bellos del mundo en París, otro colectivo de artistas, cumpliendo estrictamente con los protocolos sanitarios, camina por las calles de Lamas, en el departamento de San Martín, retratando a sus habitantes. Para que los veinte metros de altura y cuarenta de ancho de la Ópera de la Bastilla —esa mezcla de granito azul, madera de peral y techo ligero de vidrio se curva sobre el foso de la orquesta— sean completamente cubiertos con 500 rostros de médicos y enfermeras que combaten el COVID-19 en los hospitales de Francia. En uno de los gestos más simbólicos y conmovedores que está dejando la pandemia, la joya contemporánea más preciada de la cultura francesa se había vestido de héroe anónimo.