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Rodaba su agonía en ficción… y en la vida real sufría un infarto: Haydeé Cáceres revive momentos extremos y memorables de su trayectoria
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Haydeé Cáceres (Lima, 1946) lleva más de medio siglo habitando escenarios, sets y pantallas, pero lo suyo no ha sido solo actuar: ha sido crear y abrir camino. Desde su debut cinematográfico en “La familia Orozco” (1982) hasta filmes como “Viejas amigas”, “Contracorriente” y “El corazón de la luna”, ha construido una trayectoria con la misma fortaleza con la que se planta ante la vida. Por eso, el 29° Festival de Cine de Lima la homenajeará por su aporte invaluable al cine, reconociendo en ella a una actriz que ha hecho de la interpretación un acto de coraje.
“Este reconocimiento es el resultado de 56 años de trabajo”, señala la artista. Y no habla de un camino fácil. “Ha habido muchos obstáculos, pero supe manejarlos muy bien. Nunca descuidé mis labores de trabajadora, de madre, de esposa… Gracias a Dios tengo energía y fuerza para seguir adelante y no dejarme amilanar por nada ni nadie”.
Sus retos no han sido solo profesionales. Durante la pandemia, el COVID-19 casi le arrebata la vida. “Estaba tan mal que creí que mi esposo (el fallecido actor Humberto Cavero) ya me estaba llamando. No podía respirar, no podía hacer nada. Al día siguiente me dije: ‘¿Por qué me voy a dejar morir por este bicho?’. A las 2:00 a.m. me levanté con cólera, le dije todas las lisuras que me salieron y le enumeré mis proyectos. Dos días después, mi saturación había mejorado. La mente es muy poderosa”, asiente.

Legado artístico
Su debut cinematográfico fue en “La familia Orozco” (1982), pero su historia en el arte empezó en 1969, cuando ingresó a la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático. Eran tiempos en que ser mujer y actriz implicaba remar contra la corriente.
“Empecé en una época difícil para las mujeres, pero a mí nadie me ha tocado ni un pelo. Mi madre nos enseñó a hacernos respetar”, afirma. Ese carácter fuerte lo volcó también en la defensa de su gremio, junto a su esposo Humberto Cavero, cuando él fue secretario general del sindicato de actores. “El arte y la cultura no pueden ser lo último. No puede ser que quieran derogar nuestra ley”, reclama.
En el cine ha buscado papeles que transformen, que dejen huella. “El corazón de la luna”, de Aldo Salvini, le dio el reto de interpretar sin palabras, solo con el cuerpo. Ganó premios y estuvo cerca del Oscar, pero lo que más valora es haber retratado una realidad dura: de acianos que trabajan para sobrevivir, olvidados por sus familias.
“Fue un trabajo de filigrana, solo acciones físicas y ruidos guturales. Me fascinó. La película estuvo como precandidata al Oscar, ganó en muchos festivales”, destaca.

Entrega sin límites
Su entrega no es solo artística, también física. En “Viejas amigas” sufrió hipotermia tras sumergirse en un mar helado en setiembre. También ha enfrentado tres infartos, uno de ellos en plena grabación de “Mis tres Marías”.
“Mi personaje estaba entubado en una camilla de hospital. Se agravaba porque no estaba de acuerdo con lo que iba a hacer su hijo —al inicio interpretado por Ricky Tosso, luego reemplazado por Óscar Carrillo—, y él decide extubarla para que muera. En ese momento sentí un ardor en el pecho y un dolor fuerte en el brazo izquierdo. Me estaba dando un infarto y todos pensaban que estaba actuando. Cuando dijeron ‘corten’, recién se dieron cuenta. Por suerte había un cardiólogo en el hospital. Me atendió de inmediato, me dio unas pastillas y lo superé. Fue algo leve”, recuerda.

También enfrentó una pancreatitis desencadenada por el estrés. “Antes ni la gripe me daba. A raíz de la muerte de mi esposo, empecé con la presión alta. Pero yo no me quedo quieta”.
Durante la pandemia, encontró en la creatividad un refugio: “Cuentos inolvidables con Haydeé Cáceres”, un proyecto familiar donde ella narraba historias acompañada de un osito, una de sus hijas cantaba, otra editaba, otra adaptaba y otra presentaba, mientras su yerno grababa.
“En vez de estar sin hacer nada, estábamos haciendo algo útil, siquiera para los niños. Eso es lo bonito: crear. No somos máquinas, somos seres humanos”, refiere.
Cuando se le pregunta por el personaje que más valora, no duda en mencionar a ‘Trinidad’ de “Contracorriente”, de Javier Fuentes León ”, y ‘M’ de “El corazón de la luna”.

Pero insiste: no trabaja por premios, sino por la conexión con la gente, y porque su edad no es un límite, sino un valor añadido. “Sentir el cariño y el reconocimiento del público es el mayor premio; el resto es adorno. Llegar a cierta edad no es una incapacidad: llegamos con más sabiduría, más perfeccionamiento y más ganas de dar”, afirma.
Hoy, mientras el Festival de Cine de Lima se alista para rendirle homenaje, Haydeé mira atrás sin nostalgia, pero con gratitud. “Quiero que me recuerden como una mujer trabajadora, luchadora, amante de su familia”, remarca.
Su legado trasciende a los personajes que interpretó: está en cada puerta que abrió, en cada oportunidad que creó y en la inspiración que deja a quienes sueñan con subir algún día a escena.












