Por Sonia del Águila

En el Perú, tener cáncer y vivir lejos de Lima puede ser, además de doloroso, brutalmente injusto. El 70% de los recursos oncológicos del país están centralizados en la capital. Eso significa que, en algún momento, la mayoría de pacientes diagnosticados con cáncer en regiones deben trasladarse para acceder a tratamientos especializados en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN) u otros de la Red Oncológica Nacional del Perú. Pero, ¿cómo hace una familia de escasos recursos de Ayacucho, Iquitos o Puno para costear un pasaje, la estadía en Lima y los gastos asociados al acompañamiento de un ser querido que está luchando por su vida? Muchos simplemente no pueden. O renuncian al tratamiento. O lo interrumpen. O viven en condiciones indignas mientras reciben quimioterapia o radioterapia, durmiendo en la calle, en los pasillos de los hospitales, o en albergues improvisados.

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