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La Copa del Mundo de fútbol es más que un torneo deportivo: tiene un amplio alcance geopolítico. Y aunque el deporte rey sea un tanto ajeno a Donald Trump, ya comenzó a convertirse en una herramienta política para él. El presidente de EE.UU. quiere posicionarse como una de las figuras protagónicas del Mundial de 2026, que tendrá como sede principal Estados Unidos y que será el evento deportivo más importante del año entrante, con 48 selecciones en competencia, un número nunca antes visto.
Este viernes 5 al mediodía (hora peruana) se celebra en Washington el sorteo que definirá los grupos. El evento —habitualmente una ceremonia protocolar dominada por la FIFA— llega atravesado por tensiones del gigante norteamericano con Canadá y México, los otros coanfitriones, debido a las medidas arancelarias impulsadas por Trump, así como por un complejo clima migratorio que podría afectar e incluso disuadir a los aficionados de viajar.
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Intentando disipar temores, los organizadores han señalado que Estados Unidos está haciendo esfuerzos para reducir los tiempos de tramitación de visados para quienes compren entradas, según informa el diario español El País. Sin embargo, Andrew Giuliani, representante de la Casa Blanca para el grupo de trabajo de la FIFA, admitió que no se descarta la posibilidad de redadas y detenciones de inmigrantes durante el torneo.
“Este va a ser un Mundial atípico. El ambiente político en Estados Unidos está muy cargado, con tensiones internas exacerbadas y un clima antimigratorio que no tiene precedentes para un torneo de este tamaño”, comenta a El Comercio Alonso Cárdenas, internacionalista de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).

Clima tenso
El campeonato deportivo más grande del planeta llega de la mano de una administración estadounidense que ha hecho de la política antiinmigración la piedra angular de su mandato, con campañas de deportaciones masivas y un tono marcadamente represivo.
La semana pasada, tras el ataque de un ciudadano afgano —refugiado en Estados Unidos después de la caída de Kabul— a dos miembros de la Guardia Nacional a pocos metros de la Casa Blanca, la respuesta de Trump fue suspender la emisión de visados para 19 países, entre ellos Haití e Irán, cuyas selecciones están clasificadas al Mundial.
Irán llegó incluso a amenazar con boicotear el sorteo de este viernes, luego de que —según el portavoz de su federación, Amir Mehdi Alavi— su delegación enfrentara dificultades para obtener las visas.
“Algo similar podría afectar a países latinoamericanos como Colombia, cuya relación política con Trump se ha tensado recientemente”, opina Cárdenas.
El especialista considera que, a medida que la fecha del gran torneo se acerque, es muy probable que las medidas se endurezcan. “Todo apunta a que Trump se va a radicalizar, no a moderar su discurso. Su política antimigratoria ha sido su principal promesa electoral y la va a usar para fidelizar a su base”, señala.
“Las restricciones de visado se están endureciendo: se habla incluso de negar visas a personas con obesidad o con determinadas condiciones médicas. Esto no surge de la nada, es parte de su narrativa desde la campaña”, añade.
El experto remarca la importancia de fidelizar su base, pues poco después del Mundial vienen las elecciones de medio término para renovar el Congreso en el país. “Trump va a aprovechar el torneo para reforzar su imagen de líder duro ante la inmigración”.
Represión a opositores
El presidente también ha amenazado con excluir del torneo a algunas ciudades anfitrionas gobernadas por la oposición demócrata. Trump las acusa de permitir que la inmigración irregular, la inseguridad y la delincuencia “se descontrolen”, según reporta AFP.
Ciudades como Los Ángeles —que prevé albergar ocho partidos—, San Francisco —con seis—, y Seattle —también con seis— están en riesgo. De concretarse esta amenaza, no solo sería un golpe logístico para los organizadores, sino también un problema para miles de aficionados que ya tienen entradas, alojamientos y vuelos reservados.
A este panorama se suma el despliegue de tropas de la Guardia Nacional en ciudades como Los Ángeles, supuestamente para reforzar la seguridad, y las redadas agresivas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) contra inmigrantes indocumentados. Aunque aún faltan seis meses para el inicio de la cita deportiva, el temor es que el presidente prorrogue estas medidas hasta el arranque del torneo.
Neutralidad de la FIFA en duda

“De cara al Mundial, es lógico que Trump tenga una presencia significativa. Y no solo como aficionado. El presidente tendrá mucho que decir. Y esperará que la gente lo escuche y actúe”, apunta The New York Times.
Trump parece dispuesto a usar el torneo como un gran estrado para exhibirse como gestor mundial. Su cercanía con Gianni Infantino tampoco ha pasado desapercibida. El presidente de la FIFA ha elogiado repetidamente al mandatario estadounidense, a quien calificó como “probablemente el hombre más respetado del deporte”, y se ha convertido en un visitante recurrente de la Casa Blanca. Le Monde describió su relación como “un bromance”.
La afinidad entre ambos se remonta al 2018, cuando Infantino le entregó a Trump una enorme tarjeta roja, gesto que el presidente no dudó en mostrar ante la prensa. Desde entonces, el dirigente ha visitado en varias ocasiones el Despacho Oval, multiplicando los elogios al liderazgo del republicano.
“He tenido la suerte de encontrarme con algunos de los deportistas más talentosos del fútbol. Y el presidente Trump está hecho del mismo tipo de fibra”, llegó a decir.
Infantino incluso acompañó al presidente en su toma de posesión el 20 de enero, en su última gira por Medio Oriente y en la Cumbre por la Paz realizada en Sharm el-Sheikh (Egipto), donde se anunció el acuerdo entre Israel y Hamas. “Trump ha sido absolutamente fundamental en el proceso. Sin él no habría paz”, afirmó entonces.
Pero la relación no es altruista. Según Alexander Abnos, editor senior de The Guardian, Infantino teme que Trump descarte a la FIFA o la convierta en objetivo de sus ataques si no obtiene el respaldo que espera.
“Ya no cabe duda: el Mundial no es un invitado en la casa que dirige Trump. Es su juguete. Y la FIFA parece dispuesta a hacer lo que sea necesario para que las cosas sigan así”, escribió.
“La FIFA nunca ha sido neutral. Ha apoyado dictaduras como la argentina en 1978, estuvo involucrada en el contexto de Malvinas en 1982 y su cúpula ha tenido escándalos de corrupción graves, muchos de ellos investigados por el FBI, como el de Joseph Blatter”, remarca Cárdenas.
La pieza final de esta aproximación podría materializarse este viernes en el Kennedy Center (Washington), donde se celebrará el sorteo. Infantino aprovecharía para otorgar por primera vez el Premio FIFA de la Paz, destinado a reconocer “acciones extraordinarias por la paz”. Un título que muchos interpretan como un gesto dirigido a alimentar el reiterado sueño de Trump de ser nominado al Nobel de la Paz.
“El Premio FIFA de la Paz sería prácticamente un premio consuelo porque Trump no logró el Nobel. El simbolismo es político, no deportivo”, le dice Cárdenas a este Diario.
Pese a que Human Rights Watch pidió información sobre los criterios de selección, la FIFA no ha ofrecido detalles. Para The New York Times, la entrega del premio y la cercanía entre Infantino y Trump plantean dudas sobre si el organismo está respetando su propia política de neutralidad.
Como cierre, Village People interpretará “Y.M.C.A.”, reporta la agencia AFP. La icónica canción quedó asociada a Trump, quien la adoptó como himno de campaña e hizo de su baile una marca personal durante sus mítines.
A Donald Trump no le temblará la mano al intentar cumplir sus promesas de campaña, de hecho, lo hará, sin mucha preocupación de las consecuencias.
“En Estados Unidos el fútbol no es la gran pasión. Esto hace que una pataleta de Trump pueda no tener repercusiones internas profundas, pero globalmente sí produciría una onda expansiva”, reflexiona el especialista consultado.










