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Posturas en la región: América Latina mira con cautela la presión de Trump hacia Venezuela
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Las recientes semanas han sido un dolor de cabeza para Nicolás Maduro. El Gobierno de Estados Unidos ha desplegado muy cerca de las aguas territoriales venezolanas buques de guerra y hasta un submarino nuclear, aumentó a 50 millones de dólares la recompensa por su captura, lo sindica como el jefe del cártel de Los Soles, y esta semana hizo estallar una lancha que supuestamente era del Tren de Aragua y que transportaba droga desde Venezuela matando a sus 11 ocupantes.
El régimen chavista ha respondido movilizando a sus milicias (unos 4,5 millones de personas según el gobierno), haciendo sobrevolar dos aviones de combate F-16 sobre uno de los buques estacionados en el mar Caribe, señalando que el ‘imperialismo yanqui’ pretende invadir Venezuela para llevarse sus recursos y ha pedido a la Comunidad Económica Latinoamericana y Caribeña (Celac) y a la ONU que exijan el retiro de las naves, calificadas como “la mayor amenaza regional en el último siglo”.
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La reacción de los países de América Latina ha oscilado entre el apoyo total hacia las acciones de Washington, y la cautela y la tibieza, en algunos casos, teniendo en cuenta que con Venezuela siempre se transita sobre una delgada línea roja. ¿Condenar el chavismo, sus fraudes y violaciones a los derechos humanos implica pasar por alto una amenaza militar estadounidense? ¿O la presión de Washington significará, por fin, el pistoletazo de salida de Maduro?

Uno de los primeros en alinearse ha sido Ecuador, que justamente recibió esta semana la visita del secretario de Estado, Marco Rubio, quien anunció junto con el presidente Daniel Noboa que las bandas criminales “Los Choneros” y “Los Lobos” serán consideradas organizaciones terroristas, en un esfuerzo conjunto para combatirlas. Ecuador también consideró como grupo terrorista al Cartel de los Soles.
La misma declaración fue hecha por los gobiernos de Paraguay, Argentina, República Dominicana y Guyana, país que mantiene una ríspida relación con Venezuela por la región del Esequibo que ambos se disputan. El Perú también lo hizo, pero por el momento solo a través del Congreso de la República.
Washington ha declarado a este grupo como organización terrorista para así poder combatirlos con su fuerza militar como si fuese una amenaza a la seguridad nacional.
Mirar de costado
“Justamente estamos hablando de un despertar de América Latina, de las voces que se alzan en el sur global; y al mismo tiempo tenemos reacciones tibias frente a un Estados Unidos con una actitud muy propia de la Guerra Fría, pero que ha decidido redoblar la presión sobre el régimen de Maduro”, comenta a El Comercio el analista internacional Juan Nicolás Garzón, docente de Relaciones Internacionales de la Universidad de La Sabana, en Bogotá.
La mayoría de los países caribeños, que están viendo cómo la fuerza militar estadounidense navega sus costas, han sido reservados en sus comentarios, aunque Trinidad y Tobago y República Dominicana sí han elogiado las acciones de Washington. Según la prensa de Barbados, los ministros de Exteriores de Caricom, el bloque comercial del Caribe, le pidieron al secretario Rubio que sus futuras operaciones militares no ocurran sin previo aviso.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, prefirió la cautela y sacó a relucir la política exterior de su país basada en el “no intervencionismo” y pidió que se privilegie el “diálogo y el respeto mutuo”; mientras que en Chile casi no han tocado el tema.
“Los vientos que soplan en nuestros países son muy particulares por el contexto político que se está viviendo y eso hace, de alguna manera, que su reacción también esté limitada. Bolivia y Chile están a puertas de elecciones y no se van a poner a criticar a Estados Unidos. Ni siquiera México, que tiene un gobierno de izquierda, porque tiene que pensar que al otro lado de la frontera está su principal socio comercial y está hilando fino para que no les pongan más aranceles”, agrega Garzón.
El analista colombiano también considera que estas reacciones en América Latina son una ratificación del poder que sigue representando Estados Unidos en la región: “A los líderes regionales les cuesta mucho salir a tomar una posición demasiado desafiante porque todavía nos asusta cuando EE.UU. muestra los dientes”.
Entre los aliados de Venezuela, los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Bolivia (el presidente Luis Arce ya está de salida y el próximo gobierno no será un escudero de Maduro) rechazaron el despliegue militar estadounidense, pero sus quejas tampoco han sido tan altisonantes.
El que sí decidió subir el tono fue el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien descartó la existencia del Cartel de los Soles (el argumento que maneja el propio régimen chavista) señalando que es una “excusa ficticia de la extrema derecha para derribar gobiernos que no les obedecen”. “Petro tiene un poco más de libertad para opinar porque en un año ya no va a ser presidente. Y creo que Estados Unidos no se va a poner demasiado agresivo con Colombia en este tema porque saben que ya se va”, explica Garzón.
Negociaciones bajo la mesa
En sus primeros meses de mandato, Trump prefirió el diálogo con Nicolás Maduro, pese a que su gobierno reconoció como presidente electo al opositor Edmundo González Urrutia. Así, mandó a Caracas a su enviado especial Richard Grenell, un funcionario más empresario que político, quien logró regresar a Washington con seis estadounidenses que estaban presos, y el compromiso de que la petrolera Chevron pueda seguir operando en Venezuela.
Pero con el transcurrir del tiempo, el presidente estadounidense ha preferido ajustar al régimen. El chavismo, que conoce la estrategia transaccional de Trump y que pone las amenazas al límite para lograr los acuerdos que mejor le convengan, sabe que Estados Unidos no tiene interés en una invasión, pero la narrativa lo ayuda ante la opinión pública. Al mismo tiempo, la opción de negociar ya debe estar sobre la mesa en el Palacio de Miraflores, pues son conscientes de que las advertencias de Washington van en serio.
“Las cosas no son tan evidentes como para pensar que el régimen va a caer rápido. Antes ya se ha dicho y no ha pasado. A mí no me parece descartable que el régimen esté pensando en qué negociación se pueda hacer con Estados Unidos, y si Trump interpreta que puede terminar en un ‘win-win’ lo va a hacer”, refiere Garzón. Así, Trump podría llevarse el crédito de haber sacado a Maduro del poder (lo que le asegura muchos votos latinos) y, a cambio, darle un exilio dorado.
Entre tanto, los barcos de guerra seguirán amenazantes esperando la orden para hacer estallar otra lancha con narcóticos, mientras los gobiernos de Latinoamérica se siguen mordiendo los labios.
DATO
La Milicia Nacional Bolivariana cuenta con 4,5 millones de personas y se espera que el número aumente a 8,2 millones, según cifras del régimen venezolano.







